El Retrato Oval |
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Según toda
apariencia, el castillo había sido recientemente abandonado, aunque temporalmente.
Nos instalamos en una de las habitaciones más pequeñas y menos
suntuosamente amuebladas. Estaba situada en una torre aislada del resto
del edificio. Su decorado era rico, pero antiguo y sumamente
deteriorado. Los muros estaban cubiertos de tapicerías y adornados con
numerosos trofeos heráldicos de toda clase, y de ellos pendían un
número verdaderamente prodigioso de pinturas modernas, ricas de estilo,
encerradas en sendos marcos dorados, de gusto arabesco. No era posible dudar, aun cuando lo hubiese querido; porque el primer rayo de luz al caer sobre el lienzo, había desvanecido el estupor delirante de que mis sentidos se hallaban poseídos, haciéndome volver repentinamente a la realidad de la vida. El cuadro representaba, como ya he dicho, a una joven. se trataba sencillamente de un retrato de medio cuerpo , todo en este estilo, que se llama, en lenguaje técnico, estilo de viñeta; había en él mucho de la manera de pintar de Sully en sus cabezas favoritas. Los brazos, el seno y las puntas de sus radiantes cabellos, pendíanse en la sombra vaga, pero profunda, que servía de fondo a la imagen. El marco era oval, magníficamente dorado, y de un bello estilo morisco. Tal vez no fuese ni la ejecución de la obra, ni la excepcional belleza de su fisonomía lo que me impresionó tan repentina y profundamente. No podía creer que mi imaginación, al salir de su delirio, hubiese tomado la cabeza por la de una persona viva. Empero, los detalles del dibujo, el estilo de
viñeta y el aspecto del marco, no me permitieron dudar ni un solo
instante. Abismado en estas reflexiones, permanecí una hora entera con
los ojos fijos en el retrato. Aquella inexplicable expresión de
realidad y vida que al principio me hiciera estremecer, acabó por
subyugarme. Lleno de terror y respeto, volví el candelabro a su primera
posición, y habiendo así apartado de mi vista la causa de mi profunda
agitación, me apoderé ansiosamente del volumen que contenía la
historia y descripción de los cuadros. "El tenía un carácter apasionado,
estudioso y austero, y había puesto en el arte sus amores; ella, joven,
de rarísima belleza, todo luz y sonrisas, con la alegría de un
cervatillo, amándolo todo, no odiando más que el arte, que era su
rival, no temiendo más que la paleta, los pinceles y demás
instrumentos importunos que le arrebataban el amor de su adorado.
Terrible impresión causó a la dama oír al pintor hablar del deseo de
retratarla. Mas era humilde y sumisa, y sentóse pacientemente, durante
largas semanas, en la sombría y alta habitación de la torre, donde la
luz se filtraba sobre el pálido lienzo solamente por el cielo raso." "Ella no obstante, sonreía más y más,
porque veía que el pintor, que disfrutaba de gran fama, experimentaba
un vivo y ardiente placer en su tarea, y trabajaba noche y día para
trasladar al lienzo la imagen de la que tanto amaba, la cual de día en
día. tornábase más débil y desanimada. Y, en verdad, los que
contemplaban el retrato, comentaban en voz baja su semejanza
maravillosa, prueba palpable del genio del pintor, y del profundo amor
que su modelo le inspiraba. Pero, al fin, cuando el trabajo tocaba a su
término, no se permitió a nadie entrar en la torre; Porque el pintor
había llegado a enloquecer por el ardor con que tomaba su trabajo, y
levantaba los ojos rara vez del lienzo, ni aun para mirar el rostro de
su esposa. Y no podía ver que los colores que extendía sobre el lienzo
borrábanse de las mejillas de la que tenía sentada a su lado. Y cuando
muchas semanas hubieron transcurrido, y no restaba por hacer más que
una cosa muy pequeña, sólo dar un toque sobre la boca y otro sobre los
ojos, el alma de la dama palpitó aún, como la llama de una lámpara
que está próxima a extinguirse. y entonces el pintor dio los toques, y
durante un instante quedó en éxtasis ante el trabajo que había
ejecutado; pero un minuto después, estremeciéndose, palideció
intensamente herido por el terror, y gritando con voz terrible: |