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Quisiera llorar, estremecerme, humedecer mis
mejillas con lágrimas, muchas lágrimas y ver como la gente se apiada
de mí, como se compadece ÉL. Quiero... quiero... pero no puedo y no lo
entiendo. Este sitio... siempre acabo en el mismo lugar; lóbrego, álgido.
Despertar y cegarme con el sol, ¡sí!, pero no. Esa luna. Este sueño.
Siempre me despierto; siempre aquí. Hoy la luna está en otro lugar ¿o
soy yo?, no lo sé, no me importa, hace tiempo que... ¡Ah! ¡Ese
dolor!. Si al menos un espejo, un reflejo me permitiese ver que me pasa,
lo comprendería, lo entendería y dormiría mejor. Todos los días
busco un espejo para ver mi imagen pero NUNCA la encuentro, siempre se
esconde. Está todo tan oscuro, tan lúgubre; no veo nada y me
desconcierta.
Aquellas cruces me sobrecogen, están por todos lados, me rodean. Son
tantas las noches que he pasado por aquí... son tan frías. Cuando me
acerco a aquella, la del rincón...
...ella era rubia, cara angelical y ojos alegres, pero se tiñeron de
tristeza, de amargura. Su corazón sufría y sufría. Aquel hombre, daba
todo por aquel hombre. Se enamoró pronto y le entregó su vida, pero él...
Él le pegaba, cada día, cada vez más fuerte y ella lloraba abrazada a
su corazón. Aquellos golpes le arrancaban ilusiones, ambiciones...
hasta que un día se vació. "Esos golpes, me duelen sus
golpes". Allí tirada en el suelo llorando... "¡No me pegues
más! ¡Ah! ¡Me haces daño!".... Por fin se va, siempre lo hace.
Pero su rostro... ¡no!, su rostro. Se levanta, pero no puede, se
arrastra; como yo. Aquel suelo, aquellas paredes, esa sangre, todo está
lleno de sangre; sus manos, su cara, mi cara. Por fin LLEGARÁ junto
aquella puerta, aquel armario, aquellas pastillas..."¡No,
no!" Pero no me oye, es demasiado tarde; su boca, esos ojos
cansados, tristes y ese sueño, ese sueño eterno.
"¿¡¡Por qué!!?" No puedo seguir mirando, siempre acaba
igual, siempre lo mismo, odio todo y sin embargo me gusta, me gusta
odiar, es una sensación placentera que alimenta mi curiosidad, mi vacío,
mi aburrimiento, mi espera. Avanzo cada vez más fatigado...
... aquella zona es muy oscura, sin embargo un impulso incontrolado
provoca que mis pasos se orienten hacía AQUEL lugar. Siempre lo he
intentado evitar y a pesar de la oscuridad, sé que tras aquellos
matorrales hay una pequeña tumba que me gusta. Es una cruz pequeña...
...era un NIÑO moreno, de ojos azules, ERA travieso, alegre, pero aquel
día lloraba sin cesar en aquella habitación, "¡Basta,
basta!" gritaba, "¡Basta, basta!" mientras sangraba y
sudaba. Sus ojos estaban rojizos, sus pupilas dilatadas y sus lágrimas
mojaban aquel roído colchón. Él, sin embargo, reía con gestos
placenteros, mientras su cuerpo se convulsionaba cada vez más fuerte.
Le golpeaba, le cogía de las piernas con fuerza ¿por qué a él?, no
lo entiendo, pero es normal, YO no entiendo tantas cosas... La palidez
de aquel niño contrastaba con las marcas de sufrimiento que dibujaban
su pequeño cuerpo. Apretaba cada vez más fuerte, esas rudas manos, esa
virgen y fina piel, ese dolor, mi dolor. Encima de él, AQUEL individuo
vaciaba su poder, "¡Quiero irme!", pero no puedo; estoy
tumbado en el suelo, la húmeda tierra empapa mi piel, no puedo moverme,
igual que aquel niño. "¡Intenta escapar!", pero no me oye,
sigue allí mientras aquel HOMBRE le desgarra sin pudor alguno. ERA
horrible. "¡Silencio!" Se oyen voces. Una mujer, "¡Detrás
de la puerta! ¡ Detrás de la puerta!". La puerta se abre y un
grito recorre las paredes de la habitación mientras MI rostro se oculta
tras sus manos. La mujer se abalanza sobre el hombre, PADRE de todos los
males, pero este sonríe. Aquel cuchillo... aquel fino metal le desgarra
el estómago, ella se derrumba y cae al suelo mientras presiona la
herida con ambas manos y maldice su existencia. A mí también me duele,
pero yo no sangro, NUNCA lo hago, ella sí, hasta que sus ojos se
cierran, hasta que se duerme... El niño corre, con el cuerpo medio
desnudo, "¡Corre! ¡Corre!" SALDRÉ en tu ayuda. Él,
enloquecido por el placer DE matar, le busca, le persigue AQUÍ y allí.
El niño no puede más PORQUE le duelen las piernas; como a mí. Está
aterrado, se esconde, espera callado, sollozando, pero el olor a sangre
le delata, su cuerpo es levantado en el aire y en décimas de segundos
ve como un resplandor recorre de izquierda a derecha su cuello, su pequeño,
fino y virgen cuello...
Deseo irme, ESTOY harto, todo es sufrimiento, dolor, locura... aquel,
aquella, aquellos... todo está MUERTO, todos murieron "¡Basta!"
Espero irme pronto, ya queda menos. Sé que hoy vendrá y me iré con él,
me dijo que esperase aquí, que me llevaría a otro lugar pero tarda. ¿Me
habrá abandonado? Prefiero pensar que no encuentra este paraje, yo
mientras espero, no tengo prisa.
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