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n los suburbios de El Cairo, en Egipto, se ha visto una brillante aparición sobre los tejados de dos iglesias coptas, desconcertando a la vez tanto a los creyentes como a los escépticos, desde abril de 1968. Surgiendo a primeras horas de la madrugada, y descrita por alguien como parecida a la Virgen María, la visión se produjo por primera vez encima de la iglesia copta de Santa María, en Zeitum. Durante tres años, miles de personas se congregaron en aquel lugar para ser testigos del fenómeno nocturno.

Tras su última aparición, en 1971, la visión no se repitió hasta 1986, cuando la figura se materializó otra vez en lo alto de San Damián, otra iglesia copta de las afueras de El Cairo. Según testigos oculares, la visión fue a menudo acompañada de olor a incienso y toda la cúpula de la iglesia brillaba con la imagen suspendida por encima de ella.

Las multitudes llegaron a ser tan concurridas, delante de la iglesia de San Damián, que la Policía de El Cairo se presentó allí para guardar el orden. Musad Sadik, un periodista que cubría con regularidad el acontecimiento para un periódico afincado en El Cairo, contó que, en una ocasión, el espíritu fue visible durante veinte minutos completos. Aunque los científicos han intentado tacharlo de fraude, de alucinación en masa o de fenómeno óptico natural, o descargas eléctricas desde la techumbre de la iglesia, nadie ha explicado este fenómeno de una forma convincente.

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omo miembro de la familia Borgia o Borja, en la Italia del Renacimiento, el Papa Alejandro VI fue un maestro de maldades cuyo pontificado en el Vaticano abundó en asesinatos, incestos y avaricia. Alejandro VI murió en 1503, aparentemente a causa del paludismo, a la edad de setenta y tres años. Pero, según la leyenda, su muerte quedó oscurecida por unas fuerzas más siniestras y sobrenaturales.

Antes de su muerte, Alejandro VI había proclamado un edicto en el que se declaraba que las propiedades de todos los cardenales que falleciesen pasarían a la Santa Sede. Luego, al tratar de asesinar a un cardenal particularmente acaudalado, con el regalo de un vino envenenado, el Papa se invitó a la casa del cardenal. No obstante, de camino, se percató de que se había olvidado un amuleto del que se decía que prevenía los efectos del veneno. Necesitaba beber él mismo el vino para no levantar sospechas. Por lo tanto, envió a uno de los que le acompañaban, al cardenal Caraffa, para que regresase y lo recogiese.

Al entrar en el dormitorio del Papa donde se hallaba el amuleto, Caraffa quedó conmocionado al encontrar un catafalco, envuelto en ropajes oscuros e iluminado por unos hachones, en el centro de la habitación. Encima del túmulo mortuorio estaba el cadáver del hombre para el que se hallaba realizando aquel encargo: el Papa Alejandro VI.

Mientras tanto, Alejandro VI había llegado al banquete durante el cual un error al servir las copas tuvo como resultado que el Papa bebiese su propio veneno. Unos cuantos días después, tal y como Caraffa había visto con anterioridad, el Papa Borgia estaba muerto y yacía en su dormitorio sobre un catafalco adornado con ropajes negros.
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no de los peores desastres de la Historia británica se produjo en Gales, el 21 de octubre de 1966, cuando un enorme montón de desperdicios de carbón se derrumbó y enterró una escuela en la población minera de Aberfan. Murieron más de 140 personas, entre ellas 128 colegiales.

Durante las semanas que siguieron, se vio cada vez más claro que algunos de los niños, así como otras personas en toda Inglaterra, habían previsto la tragedia. En realidad, treinta y cinco de estos casos fueron recogidos por el psiquiatra británico J. C. Barker. Uno de sus informadores fue la madre de una niña muerta en el desprendimiento. Dijo a Barker que, el día antes de la catástrofe, su hija había empezado de pronto a hablar de la muerte, diciendo que no tenía miedo de morir. La madre se quedó perpleja ante aquellos extraños comentarios, pero no advirtió el significado de las subsiguientes observaciones de la niña, referentes a un extraño sueño que acababa de tener.

-Soñé que iba a la escuela -dijo a su madre-, y allí no había ninguna escuela. Algo negro se había derrumbado sobre ella.

Tampoco advirtió la niña que el sueño era un aviso, y fue a la escuela el día siguiente, para morir dos horas más tarde.

Una mujer de edad mediana, de Plymouth, Inglaterra, había tenido también una premonición de la tragedia.

-«Vi» realmente la catástrofe la noche antes de que ocurriese -explicó-, y el día siguiente hablé de ello a mi vecina, antes de que se radiase la noticia. Primero «vi» una vieja escuela situada en el fondo de un valle; después, un minero, y después, un alud de carbón bajando por la falda de una montaña. Al pie de esta montaña de carbón que caía estrepitosamente, había un niño con un largo flequillo, completamente aterrorizado. Entonces, durante un rato, «vi» operaciones de salvamento. Tuve la impresión de que aquel niño se había quedado atrás y se había salvado.

De los muchos casos recogidos por el doctor Barker, casi todos eran sueños simbólicos ocurridos la semana antes del derrumbamiento.
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a mayoría de nosotros hemos oído hablar de una experiencia en las puertas de la muerte, en la que personas clínicamente muertas dicen «estar abandonando el cuerpos y volando al cielo». En cambio, raras veces se comentan los casos de visiones en el lecho de muerte, en que los pacientes ven personas benévolas, generalmente amigos y parientes, que acuden a recibirles y ayudarles en la muerte. Recientemente, algunas investigaciones importantes sugieren que estas experiencias no pueden explicarse como alucinaciones.

Desde hace varios años el doctor Karlis Osis, ex director de investigación de la «American Society for Psychical Research», ha estado realizando estudios por ordenador analizando cientos de casos de visiones en el lecho de muerte recogidos en los Estados Unidos.

Comprobando los antecedentes médicos de cada paciente, Osis ha podido determinar que sus experiencias no fueron causadas por efectos tóxicos de sus enfermedades o de los medicamentos. Trabajando con el psicólogo doctor Erlendur Haraldsson, de la «Universidad Reykiavik», Islandia, Osis viajó también a la India para realizar el mismo estudio y ver si estas curiosas visiones se producían también allí. Los investigadores quedan de terminar especialmente si las visiones indias correspondían a diferentes estructuras culturales, clara señal de que eran de naturaleza psicológica y no real.

¿El resultado? Los pacientes terminales de la India describen la misma clase de experiencias que los moribundos de Occidente, dicen Osis y Haraldsson. Si las reacciones psicológicas a las experiencias pueden diferir en Oriente y Occidente, no así su contenido. Estos descubrimientos han llevado a Osis y Haraldsson a concluir que las visiones en el lecho de muerte representan realmente un apogeo más allá de la muerte.
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lgunos viajeros han informado de que los indígenas del Amazonas adquieren a veces facultades parapsicológicas cuando ingieren productos destilados de ciertas plantas.

El doctor William McGovern era conservador ayudante, especializado en etnografía sudamericana, del Field Museum de Historia Natural, cuando hizo sus observaciones en los años veinte. Estaba explorando las colonias indígenas del río Amazonas, cuando observó que los indios hacían un brebaje psicodélico a base de un producto alucinógeno llamado harmalina, que se encontraba en la planta banisteriopsis caapi.

«Algunos indios -dijo- caían en un trance particularmente profundo en el que poseían las que parecían ser facultades telepáticas. Dos o tres hombres describieron lo que estaba pasando en malokas (colonias) situadas a cientos de kilómetros de distancia, muchas de las cuales no habían visitado nunca y cuyos habitantes les eran desconocidos, pero que parecían coincidir exactamente con lo que yo sabía de los lugares y de las gentes en cuestión. Más extraordinario aún: aquella noche en particular, el curandero local me dijo que el jefe de cierta tribu de la lejana Pira Panama había muerto de repente. Anoté esta declaración en mi Diario y, muchas semanas más tarde, cuando llegamos a la tribu de referencia, me encontré con que las declaraciones del hechicero eran ciertas en todos sus detalles».

La hormalina fue más tarde importada a Europa, donde los investigadores del Instituto Pasteur, de Francia, hicieron experimentos con ella. Informaron de que sus sujetos se volvían tan sensibles desde el punto de vista parapsicológico después de tomarla, que cambiaron el nombre de la droga por «telepatina».
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uando murió Freidrich Jürgenson en 1987, el médium y cineasta sueco dejó una rarísima biblioteca. Contenía miles de cintas magnetofónicas en las que estaban grabadas voces misteriosas, unas voces que Jürgenson afirmaba que habían sido emitidas por muertos.

Jürgenson empezó su estudio del mundo de los espíritus en los años cincuenta, cuando se interesó en establecer contacto con los muertos. Preguntándose si los muertos podían , grabar sus voces en cinta magnetofónica, empezó a invocar la presencia de espíritus para que hablasen con él a través del magnetófono. Nada ocurrió durante meses, hasta que trató de grabar algunos cantos de pájaros cerca de su casa. Entonces advirtió extrañas interferencias al escuchar la cinta, que le dieron la impresión de sonidos de otro mundo.

«Pocas semanas más tarde fui a una pequeña cabaña de un bosque e intenté otro experimento», explicó en una entrevista con Psychic News de Londres. «Desde luego, no tenía idea de lo que estaba buscando. Puse el micrófono en la ventana. No hubo ningún incidente durante la grabación. Al escuchar la cinta, oí primero unos gorjeos lejanos de pájaros, y después, silencio. De pronto, venida de ninguna parte, una voz, una voz de mujer hablando en alemán: "Friedel, mi pequeño Friedel, ¿puedes oírme?"».

Entonces no sabía Jürgenson que se había embarcado en una búsqueda de toda la vida para establecer contacto con los muertos. Incluso unos pocos parapsicólogos se interesaron en el proyerto. William G. Roll, de la «Psychical Research Fondation», a la sazón con sede en Durham, Carolina del Norte, visitó al cineasta en 1964 para realizar algunos experimentos. Para estas sesiones, Jügerson ponía en su magnetófono una cinta en blanco y todos los que estaban en la habitación entablaban alguna conversación casual. Cuando se escuchaba después la cinta, podía oírse claramente otras voces intercaladas en la charla. Parapsicólogo extrañamente conservador, Roy se sintió lo bastante impresionado para publicar un informe especial sobre su viaje a Escandinavia. Jürgenson y sus voces «de espíritus», declaró, parecían ciertamente reales.
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oe Benson, de Wendover, Utah, era director espiritual de los indios goshute. Su constante compañero era un perro pastor alemán al que llamaba Sky.

Al hacerse viejo y fallarle la visión, Sky guardaba sus pasos y le libraba de todo mal. La salud de Benson fue empeorando y, un día de finales de 1962, dijo a su esposa Mable que iba a morir. Ella avisó a sus parientes y, muy pronto, éstos y sus hijos acudieron junto a su lecho. Pero, como ya no seguían las tradiciones indias, insistieron en que fuese llevado al hospital de la próxima Owyhee, Nevada. Prescindieron de sus protestas y de los roncos gruñidos de Sky y le trasladaron.

Benson estuvo poco tiempo en el hospital. Cuando los doctores se convencieron de que no había nada que hacer, le enviaron a casa, donde falleció poco después, en enero de 1963.

Después de las exequias, varios de los asistentes pidieron que se les permitiese cuidar de Sky. Mrs. Benson, que vio que el perro parecía todavía más afligido que ella, pensó que esto estaría mal, y lo conservó.

Diez días más tarde, al mirar por la ventana, vio que alguien se acercaba a la casa. Encendió fuego en la cocina para preparar más café. Cuando levantó la mirada, reconoció a la persona que estaba en la puerta: su difunto marido.

Fiel a las tradiciones de su pueblo, le dijo amablemente que estaba muerto y que nada tenía que hacer en este mundo. Joe Benson asintió con la cabeza y dijo solamente: «Me marcho. Volví en busca de mi perro».

Silbó, y Sky, meneando furiosamente la cola, entró corriendo en la cocina.

«Quiero su correa, dijo Benson. Su esposa la tomó de un gancho de la pared y se la tendió, teniendo cuidado de no tocarle».

Él sujetó la correa al collar de Sky y el viejo y el perro salieron por la puerta, bajaron la escalera y se dirigieron al camino que daba la vuelta a la colina.

Después de vacilar unos momentos, Mrs. Benson fue corriendo al otro lado de la loma. No vio a Joe ni a Sky en parte alguna.

El vecino de Joe y Mable y la hija de éstos, Arvilla Benson Ursan, presenciaron la extraña visita y dieron fe de ella en una declaración jurada. La joven dijo: «Vi a mi padre entrar en la casa y salir de ella a los pocos minutos, con su perro sujeto por una gorrea. Vi que mi madre iba tras él, y yo, después de pensarlo un poco, la seguí. Cuando llegué a la cima de la colina, mi padre y su perro habían desaparecido."

Durante varios días, los jóvenes de la familia buscaron en vano al perro. Al parecer, Sky se había marchado a otro mundo con su amado dueño.
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l capitán Thomas Mantell, experto piloto de la Air Force, murió en un polémico accidente de aviación el 7 de enero de 1948. Según el informe oficial, el avión ascendió hasta que una pérdida de fuerza hizo que se desequilibrase, se inclinase a un lado y cayese en espiral. El propio Mantell, dijeron las autoridades, había perdido el conocimiento por la falta de oxigeno y no lo habÍa recuperado.

En realidad, el vuelo mortal de Mantell empezó cuando la torre de control de Godman, en Kentucky, avistó un objeto grande y brillante, en forma de disco, en el cielo. El personal de la torre decidió que aquel objeto no era un globo del servicio meteorológico y, al no poder identificarlo, envió al jefe de patrulla Mantell, junto con un grupo de aviones, para ver lo que pasaba. Mantell subió a 5.000 metros, y entonces los otros aviones volvieron atrás, porque una altura mayor requería un equipo de oxigeno diferente. Pero Mantell siguió subiendo. Por fin transmitió su último mensaje por radio: «Parece metálico y su tamaño es enorme. Está encima de mí y me estoy acercando a él.» Fragmentos del avión de Mantell fueron más tarde recobrados y se advirtieron en ellos cientos de pequeños orificios.

A pesar de estos hechos, las autoridades de las Fuerzas Aéreas negaron la posibilidad de un OVNI y, más tarde, determinaron que Mantell había visto, bien el planeta Venus, bien una serie de grandes globos del servicio meteorológico de la Marina, presuntamente cerca de aquel lugar en aquel momento.

Sin embargo, los ufólogos no tardaron en replicar. El Sol habría brillado demasiado para que la gente en tierra pudiese ver con tanta claridad Venus. Ciertamente, las observaciones se habÍan efectuado desde puntos demasiado separados para que todos hubiesen visto Venus, o incluso Venus y un globo.

Por último, las autoridades de las Fuerzas Aéreas insistieron en que los testigos habían visto Venus y dos globos, al parecer sujetos entre sí para formar un gran OVNI. Pero nunca pudieron explicar los rumores referentes al cuerpo de Mantell. Por lo visto, había sido trasladado por la Policía y encerrado inmediatamente en un ataúd, lo cual convenció a algunos investigadores de que Mantell habÍa recibido unas extrañas heridas o su cuerpo no había sido encontrado en absoluto.

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