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Jung, el famoso psiquiatra suizo, fue igualmente conocido por su interés por lo oculto. Ningún tema dentro del campo de lo paranormal dejaba de interesarle. Siguió la corriente floreciente de la parapsicología, estudió astrología y alquimia, y registró cuidadosamente sus experiencias paranormales personales. Muchas de éstas son ampliamente explicadas en su autobiográfica obra
Memorias, sueños, reflexiones.
Tuvo la que fue probablemente su más extraña experiencia en 1913, cuando visitaba con una amiga la tumba de
Gala Placidia en Rávena. El psiquiatra se sintió particularmente impresionado por un mosaico de Cristo tendiendo la mano a Pedro cuando se hundía en las olas. Jung y su amiga examinaron el mosaico durante veinte minutos y discutieron con cierta profundidad el rito original del bautismo. Jung nunca olvidó aquella obra de arte.
Había querido comprar una fotografía de ella, pero no pudo
encontrarla.
Cuando Jung volvió a su casa de Zurich, pidió a otra amistad, que se dirigía a Rávena, que hiciese una fotografía del mosaico. La instantánea fue tan sorprendente como desconcertante: El mosaico que Jung y su amiga habían visto no existía. Jung explicó este descubrimiento a su antigua compañera, la cual se negó a creer que hubiesen compartido la misma alucinación o visión. Pero el hecho era indiscutible: ningún mosaico como aquél había estado nunca en la pared del baptisterio.
«Por lo que sabemos -escribió Jung-, es muy difícil determinar si, y hasta qué punto, ven dos personas simultáneamente la misma cosa. Sin embargo, en este caso, pude estar seguro de que al menos en lo esencial, los dos habíamos visto lo
mismo».
Más tarde, Jung calificó su experiencia de Rávena como «la más curiosa de mi
vida».
uando un ama de casa de Watts, distrito de Los Ángeles donde predomina la raza negra, tuvo la visión de que un cadáver estaba enterrado en el patio de su casa, la oficina del forense se interesó en el asunto.
La historia empezó el 17 de julio de 1986, cuando la mujer que seguía estudios de pastor protestante, habló del cuerpo ala Policía. Había tenido visiones durante algún tiempo y por fin había decidido actuar. Cuando ella y una amiga empezaron a cavar, encontraron pronto parte de un cráneo humano y otros fragmentos de huesos. Estos hallazgos eran tan estimulantes que el Departamento de Policía de Los Ángeles y algunos «Explorer
Scouts» continuaron la excavación y encontraron más huesos.
¿De dónde procedían? Las autoridades policiales todavía no están seguros. Por los restos desparramados, no es posible determinar el sexo de la persona enterrada, ni la causa de la muerte, ni el tiempo que llevaban allí los huesos. La doctora
Judy Suchy, antropóloga forense, está practicando experimentos sobre los fragmentos óseos con la esperanza de responder a algunas de estas preguntas.