iertamente, las opiniones discrepan en lo tocante a la experiencia en las puertas de la muerte. Algunos expertos creen que es una previsión auténtica del otro mundo, mientras que otros lo consideran una alucinación. ¿Podrá demostrarse alguna vez la realidad de la experiencia de una muerte próxima? Recientemente, lo ha intentado
Kimberly Clark, asistente social del «Harborview Medical
Center», de Seattle, Washington.
El primer contacto de Clark con una experiencia de aquella clase se produjo cuando estaba atendiendo a una paciente llamada
María. María era una trabajadora emigrante que había venido a visitar a unos parientes de la ciudad cuando sufrió un ataque al corazón. Sobrevivió a la crisis, pero sufrió un segundo ataque que la puso en las puertas de la muerte mientras se recuperaba en el hospital. Gracias a los medios tecnológicos de que se disponía allí, fue fácilmente reanimada por los expertos.
La asistenta social. vio a la paciente a hora más tardía de aquel día. Se sorprendió cuando la mujer le dijo de pronto: «Me ocurrió algo sumamente extraño mientras los médicos y las enfermeras me estaban atendiendo. Me encontré mirándoles desde el techo cuando estaban trabajando en mi cuerpo.» Sin impresionarse por esta declaración, Clark presumió que María estaba confusa por su ordalía. Pero la
asistente social se sintió más interesada cuando María le dijo que, mientras estaba actuando fuera de su cuerpo, había «volado» hasta la cornisa de la tercera planta del edificio, donde había visto un zapato de tenis.
Necesitaba que alguien más supiese que el zapato de tenis estaba realmente allí para confirmar su
«visión extracorporal», dijo Clark, que subió a la tercera planta en busca del zapato de tenis, con confusas emociones.
«Por fin -declaró-, encontré una habitación desde la cual, acercando la cara al cristal y mirando hacia abajo, vi el zapato de tenis. Mi posición era muy diferente de la que había tenido que ocupar María para saber que el dedo pequeño del pie había gastado una parte del zapato, que el cordón estaba pegado debajo del tacón y otros detalles que eran invisibles para mí. La única manera en que habría podido tener tal perspectiva era flotando en el exterior y a muy poca distancia del zapato. Recogí éste y lo llevé a María. Era, para mí, una prueba muy convincente.»
e ha producido un intenso debate durante años acerca de la fuente de los increíbles talentos de los niños prodigios. La mayoría de los psicólogos opinan que los niños como
Wolfgang Amadeus Mozart que, a la edad de cinco años, ya componía música muy compleja, nacieron, simplemente, con una extraordinaria memoria y con capacidades organizativas. Sin embargo, otros creen que, dado que sus aparentemente habilidades aprendidas aparecen tan pronto en sus jóvenes vidas, esos niños asombrosos son el producto de la reencarnación.
Como pruebas de las habilidades y talentos desplegados en existencias previas, los proponentes señalan entre los casos a un chico francés del siglo XVIII,
Jean Cardiac -que podía recitar el alfabeto a la edad de tres meses y hablaba media docena de idiomas cuando sólo contaba seis años- y a un ciego del siglo XIX, un esclavo de cuatro años, en Georgia, llamado
Tom el Ciego. Según un maestro, Tom pudo tocar con gran pericia el piano la primera vez puso la mano encima de las teclas y
sabía más música de la que sabemos nosotros o podemos aprender.
a profecía es una tradición de todos los tiempos. No hay pues motivos para creer que no existen profetas igualmente aptos que
practiquen su arte de presciencia entre nosotros. En realidad, podría haber incluso más que durante la Edad Media, dado el aumento de la población humana.
H. G. Wells se equivocó en un año al predecir el estallido de la Segunda Guerra Mundial, y en localizar su origen, una estación de ferrocarril de Danzig, aunque acertó en el país, Polonia. (En realidad, los alemanes emplearon un transmisor de radio como pretexto para su ataque.)
Homer Lee, comentarista militar, previó acertadamente con treinta y dos años de anticipación que los japoneses emplearían una maniobra envolvente partiendo del golfo de Lingayen para invadir las Filipinas y cortar el camino a los americanos en Corregidor.
Desde luego, el problema está en que las profecías pueden ser acertadas, pero no producir efecto sobre los sucesos subsiguientes si no se actúa a base de ellas. Un caso típico es la predicción hecha a
Lord Kitchener, a quien el adivino profesional Cheiro advirtió que no debía viajar por mar en 1916. Kitchener hizo caso omiso de la advertencia y embarcó dicho año en el
H. M. S. Hampshire con rumbo a Rusia. El barco chocó con una mina y se hundió, llevándose a Lord Kitchener con él.
no de los profetas más oscuros de la Edad Media fue
San Malaquías, un monje irlandés que llegó a ser arzobispo de Armagh. Murió en 1148, pero sus profecías, encontradas en forma de notas, fueron compiladas y publicadas por funcionarios del Vaticano alrededor de 1595.
Las profecías de San Malaquías fueron redactadas en forma de un registro o lista de Papas, previstos desde el siglo XII en adelante, con un comentario sobre cada uno de ellos o sobre el carácter de su reinado, y muchos de ellos han resultado sorprendentemente acertados. La lista termina con
«Pedro el Romano», en un tiempo calculado entre finales del
siglo XX o principios del siglo XXI. Entre el que parece ser Pío XI y
Pedro, habrá otros seis pontífices. Durante el reinado de Pedro, «la ciudad de las Siete Colinas será destruida y el Terrible Juez jugará a su
pueblo».
La historia profética del Papado ha sido a menudo comentada por los teólogos católicos. Su conocimiento puede haber contribuido incluso a la visión referida por el
papa Pío en 1909. Al salir de un trance, dijo:
-Lo que veo es terrible. Seré yo mismo... o mi sucesor... El Papa saldrá de Roma y, después de abandonar el Vaticano, tendrá que andar sobre los cuerpos muertos de sus sacerdotes.
Desde luego, será el tiempo quien dirá si se han cumplido las terribles profecías de San
Malaquías.
os antiguos mitos de todo el mundo se refieren, sobre todo, a dos cuestiones de primordial importancia: el principio y el fin.
La preocupación sobre cómo empezaron el mundo y la vida humana y, más importante aún, qué catástrofes habrá que soportar para sobrevivir, es universal. Los profetas, tanto religiosos como laicos, se han sentido igualmente preocupados por la proximidad de un apocalipsis mundial.
Nostradamus, el sabio francés del siglo XVI, generalmente reacio a dar fechas concretas, se mostró extrañamente preciso al formular la siguiente predicción:
El año mil novecientos noventa y nueve, el séptimo mes, Un gran rey espantoso vendrá del cielo.
Evidentemente no sucedió nada en ese año. Más aún, otras fuentes sugieren que un terrible juicio está a la vuelta de la esquina. La teología islámica profetizó que la religión musulmana duraría hasta algún tiempo después de que el hombre caminase por la Luna. Una tradición tibetana sostiene que el budismo terminará con el destronamiento del treceavo
Dalai Lama, y esto ha ocurrido también. Una profecía del Antiguo Testamento dice que el segundo advenimiento del Mesías tendrá lugar dentro de una generación a partir de la vuelta de los judíos a su patria.
Y la más magnífica creación de la civilización de la América Central, el calendario maya, termina el 24 de diciembre de 2011, significando el final de la actual quinta era. Se dice que el quinto ciclo, llamado
Tonatiuh, terminará con grandes cataclismos o terremotos.
El significado de estos diversos mitos y tradiciones de un fin inminente no es que varíen en la fecha, sino que todos ellos coinciden extrañamente con el final del
segundo milenio, en el año 2000, la astrológica Edad de Piscis. Si los antiguos tenían razón, es algo que habrá que ver.