no de los encuentros más peculiares y trágicos- que jamás han sido contados ocurrió en mayo de 1913, en una casa de campo de Farmersville, Texas.
Tres hermanos, Silbie, Sid y Clyde Latham, estaban cortando algodón cuando oyeron ladrar a sus dos perros,
Bob y Fox, «como si estuviesen terriblemente angustiados, según explicó Silbie. Al ver que continuaban aquellos «aullidos mortales, Clyde, que era el mayor, dijo: «Vayamos a ver qué les pasa a los perros. Tiene que ser algo grave.»
Los perros estaban a unos quince o veinte metros, al otro lado da una valla. Clyde, que fue el primero en llegar allí, fue también el primero en ver lo que excitaba a los perros. « ¡Es un hombrecillo! », gritó.
Según Silbie Latham, que refirió la historia a Larry
Sessions, del Museo de Ciencia e Historia de Fort Worth, «parecía que estaba apoyado en algo. Estaba mirando hacia el Norte. No
medía más de medio metro de estatura y era de un verde oscuro. No llevaba ropa alguna. Todo parecía como un traje de caucho, incluido el
sombrero».
Inmediatamente después de llegar los hermanos, dijo Silbie, los perros se arrojaron sobre aquel ser y lo hicieron pedazos, dejando sangre roja y unos órganos internos que parecían humanos sobre la hierba.
«Nosotros somos gente del campo y no sabíamos qué hacer -diría Silbie
Latham, para explicar por qué sus hermanos y él no habían hecho nada para impedir la matanza-. Supongo que estábamos demasiado aturdidos.»
Los muchachos volvieron a su trabajo, regresando de vez en cuando al lugar para ver los restos. Los perros se apretujaban contra ellos, como si estuviesen asustados. El día siguiente, cuando volvieron los tres a aquel sitio, no había rastro de clase alguna. Todas las pruebas de la existencia del hombrecillo habían desaparecido.
«Mi abuelo tiene justa fama de veraz y de sincero, pero nunca ha contado esta historia fuera de la familia, por miedo al ridículo -dijo recientemente
Lawrence Jones, nieto de Silbie Latham, al «Centro de Estudios sobre
OVNIs», de Chicago-. Sólo ha accedido a contarlo después de insistir yo mucho y darle ánimos, yo, su nieto aficionado a la Historia. Está dispuesto a someterse a un detector de mentiras o a ser hipnotizado si ustedes lo consideran necesario. Yo estoy absolutamente seguro de que dice la verdad.»
ichael Scaglione jugaba al golf con unos amigos en Nueva
Orleans el 25 de abril de 1982. Al fallar el lanzamiento al 13° hoyo, se enfadó tanto consigo mismo que tiró el palo con tal fuerza contra el carrito del golf, que éste se partió y la parte superior rebotó y le fue a parar en la garganta, cortándole la vena yugular.
Tambaleándose, Scaglione se quitó del cuello el trozo de metal, pero murió a causa de la fuerte hemorragia.
uando
Mary Carpenter, su marido y sus hijos emprendieron con su crucero de camarotes unas vacaciones frente a las costas de Norfolk, Inglaterra, nunca imaginaron la tragedia que caería sobre ellos. Estaban disfrutando del tiempo el 29 de junio de 1938, tomando el sol en la cubierta del barco, cuando Mary fue de repente e inexplicablemente engullida por las llamas. Mientras su horrorizada familia la miraba impotente, quedó reducida a cenizas en cuestión de minutos. Sin embargo, asombrosamente, nada más a bordo quedó ni siquiera tocado por el fuego.
n industrial italiano de mediana edad contrajo insomnio repentinamente, y fue empeorando, pues no lo dejaba de atormentar
y no respondía, de ninguna manera, a tratamiento médico. Al tercer mes, el hombre no dormía más de una hora por noche y aún así era perturbado por vívidos sueños que lo hacían levantarse de la cama y hacer un saludo militar.
Entre otros síntomas se incluían impotencia, amnesia y una infección pulmonar incurable.
Al año de haber contraído el insomnio, el hombre murió por agotamiento total.
Al hacer la autopsia del cerebro, los neuropatólogos encontraron una lesión en el tálamo y entre el 85 y el 95% de las neuronas destruidas en dos partes de esa región.
Los médicos se enteraron luego de que cuatro parientes del insomne habían sido afectados de forma similar, incluso una hermana cuyo cerebro, tras la autopsia, acusó la misma extraña enfermedad no identificada.
ina
Christopherson, una mujer de Florida de veintinueve años, con un
coeficiente intelectual de 189, estaba obsesinada con la idea de que tenía cáncer de estómago, la misma enfermedad que había matado a su madre. Para limpiarse el cuerpo, a menudo realizaba festines de
agua, en los que no tomaba alimentos sino que bebía hasta 15 litros de agua al día. Llegó a beber tanta agua que sus riñones se sobrecargaron y el líquido comenzó a invadir los pulmones. Murió de ahogo interno, o de «intoxicación por agua».
n mozo de labranza de Cheshire, Inglaterra, en el siglo XV, llamado
Robert Nixon, era un joven retrasado mental, por lo general muy silencioso. Pocas personas prestaban atención a sus ocasionales explosiones de lenguaje verborreico. Y no fue hasta que fue llamado para servir al rey cuando la gente se percató de su talento.
Una tarde, mientras trabajaba en los campos, Nixon, de una manera repentina e inexplicable, exclamó:
-¡Ahora, Dick! ¡Ahora, Harry! ¡Oh, muy bien hecho, Harry! ¡Harry ha ganado su día!
Aquello no significó nada para los otros trabajadores y, normalmente, lo hubieran olvidado todo acerca del incidente. Pero, al día siguiente, un correo que estaba de paso procedente de Londres informó que el rey
Ricardo III [Dick] había muerto en combate contra las fuerzas al mando del rey rival,
Enrique Tudor [Harry]. La batalla, según pudo saber la gente de Cheshire, había tenido lugar el día anterior y, al parecer, más o menos al mismo tiempo de la intrigante declaración de Nixon.
Cuando Enrique Tudor, convertido en Enrique VII de Inglaterra, se enteró del incidente envió a buscar al visionario retrasado mental, pero Nixon se puso histérico cuando se le entregó la orden. Quedó petrificado ante la idea de tener que ir a Londres y suplicó que no le obligasen a ir. Si lo hacía, afirmó, seguramente se moriría de inanición. Pero, a pesar de sus protestas, muy pronto fue escoltado hasta el palacio, donde Enrique VII pretendía dar comienzo a las pruebas para averiguar las habilidades de Nixon.
Tal y como lo había planeado, Enrique VII escondió un valioso diamante, alegando que lo había perdido, y pidió a Nixon que lo encontrara. Sin embargo, Nixon tenía mucho más talento
que el que el rey había dado por supuesto. De una manera calmosa y coherente dijo, citando un antiguo refrán, que cualquiera que esconde un objeto es de lo más probable que sea capaz luego de encontrarlo. Por lo tanto, le dijo al rey, no tenía necesidad de decirle a su Majestad dónde se hallaba el diamante.
Se dice que Enrique VII quedó tan impresionado, que instaló a Nixon en el palacio para que se escribieran las predicciones del nuevo profeta palaciego. Y durante su empleo real, Nixon previó las guerras civiles inglesas y la guerra con Francia, así como las muertes y abdicaciones de varios reyes. Sólo una de sus profecías -la de que la ciudad de Nantwich quedaría destruida durante una gran inundación- todavía no se ha cumplido.
A pesar de su exitoso cargo al servicio del rey, Nixon se veía constantemente acosado por el miedo a morir de hambre. Para facilitar que su profeta tuviese siempre la mente despejada, Enrique VII ordenó que Nixon fuese alimentado dónde y con lo que desease, con lo cual Nixon no se hizo querer por parte del personal de la cocina. Y cuando se encontraba fuera del castillo, Enrique VII también nombraba a un funcionario para que velase por el bienestar de
Nixon.
Al parecer, aquel funcionario se tomó sus órdenes tan en serio, que encerró a Nixon en un armario para protegerlo de cualquier tipo de violencia. Sin embargo, una vez en que fue llamado fuera del palacio durante una ausencia del rey, el hecho de que Nixon estuviese dentro de un armario quedó olvidado en las mentes de los guardianes. Y cuando al final fueron a sacarle, Nixon había ya muerto de hambre.
os visitantes del Museo Topkapi de Estambul, Turquía, oyen hablar a menudo de las crueldades y peligros de los tiempos en que el Topkapi, construido en un acantilado sobre el Bósforo, era
palacio imperial de los sultanes turcos. Los sultanes de Turquía tenían, como los emperadores romanos, poder de vida y muerte sobre sus súbditos. Una de las leyendas más escalofriantes se refiere a la eliminación de las concubinas imperiales que, por su infidelidad o su mal genio, habían disgustado al sultán.
Abdul el Maldito fue un gobernante especialmente famoso. La pena para sus desgraciadas concubinas era ser metidas vivas en un saco, cosido y lastrado, y arrojadas a las aguas del Bósforo. Pero no desaparecieron del
todo. Años más tarde, los buzos que operaban en aguas profundas cerca del palacio encontraban a veces aquellos sacos lastrados de pie en el fondo del mar, oscilando como si estuviesen vivos en las frías aguas de la corriente.
En 1957 un incidente submarino todavía más espantoso fue experimentado por submarinistas en el llamado Lago del Diablo, en Checoslovaquia. Buscaban el cuerpo de un joven presuntamente ahogado mientras remaba en el lago. Pero lo que encontraron en aguas profundas no fue un cadáver, sino muchos, y no todos ellos de seres humanos. Encontraron soldados en uniforme de combate. Algunos sentados en cureñas o en cajones de municiones, y caballos, muchos de los cuales estaban todavía de pie y con sus guarniciones. Era todo lo que quedaba de una unidad alemana de
artillería que, cuando cruzaba el lago helado durante la retirada en la Segunda Guerra Mundial, el hielo se había roto, probablemente a causa de algún bombardeo, y aquélla se había hundido hasta el fondo del lago. El agua profunda y sumamente fría había conservado durante doce años a los soldados, y los habría conservado muchos más, en posición y listos para el combate..., pero muertos.
l espíritu de
Franz Liszt se cuenta que se apareció a Rosemary Brown en 1964, cumpliendo una promesa que le había hecho muchos años antes, cuando era sólo una niña de siete años. Regresó
para regalarle su música. Pero se trajo también consigo los espíritus de
Chopin, Schubert, Schumann, Beethoven,
Bach, Mozart, Brahms y muchos otros. Cada uno de ellos le pidió que transcribiese la música que habían compuesto después de sus muertes. Los estantes y cajones de la mujer quedaron muy pronto atestados con más de 500 piezas musicales.
-La música está por completo dentro del estilo de esos compositores -insistió la pianista de conciertos
Hephzibah Menuhin, la hermana de Yehudi, el cual estaba de acuerdo con muchos críticos.
Y según el compositor Richard Rodney Bennett:
-Muchas personas pueden improvisar, pero no se puede falsificar música de esta clase sin muchos años de adiestramiento.
Y esto es algo de lo que carece la Brown. (En realidad, asistió a la ópera de niña contra su voluntad.)
Sin embargo, la Brown tiene unos fuertes antecedentes en lo que se refiere a fenómenos psíquicos. Tanto sus padres como sus abuelos eran psíquicos, y la Brown llegó a ser consciente de su capacidad cuando era muy joven. En realidad, a los siete años, cuando Liszt se le presentó por primera vez, ya se había acostumbrado a verse visitada por los espíritus. Dado que ha canalizado la música de los mayores compositores del mundo, músicos y psicólogos han investigado a la Brown, y todos se han mostrado de acuerdo en que no existe manera de que esté practicando un engaño.
Adoradores de
Satán u OVNIs? Ésta constituye una pregunta que los rancheros de ganado del Medio Oeste estadounidense se
han hecho después de numerosos incidentes de extrañas mutilaciones entre sus rebaños. Sea cual sea la respuesta, alguien destruía su ganado de un modo horroroso e intrigante.
A finales del verano de 1975, un ranchero de Colorado encontró una maleta de plástico que contenía una oreja de vaca y una lengua, así como un escalpelo. Aquello fue considerado por los investigadores como la primera pista concreta que relacionaba las matanzas con alguna clase de culto. Luego, en agosto de aquel mismo año, un automovilista de Blaine County, Idaho, informó haber visto a un grupo de figuras encapuchadas cerca de un rancho donde se encontraron dos vacas mutiladas al día siguiente. Posteriores investigaciones no lograron encontrar más señales de los cultistas. Incluso así, los investigadores estuvieron convencidos de que los culpables eran humanos, aunque sus actividades fueran inhumanas.
Sin embargo, otros incidentes no quedaron explicados de manera tan explícita. En Washington County, Colorado, por ejemplo, el ganado mutilado pareció haber sido lanzado desde el cielo, llevando a los rancheros a la conclusión de que se hallaba implicado algún avión. Y en Copperas Cove, Texas, un granjero vio una luz anaranjada colgada por encima de su
explotación agrícola en la noche en que sus terneros habían sido sacrificados. Al día siguiente, una inspección de la zona reveló que la hierba estaba aplastada en círculos concéntricos, como si la hubiese hundido el impacto del aire desde arriba.
Una de las intrigantes mutilaciones de ganado tuvo lugar en Whiteface, Texas, en marzo de 1975. No sólo una novilla fue encontrada en el centro de un abrasado círculo en un trigal, sino que la mutilación era particularmente horrible e inexplicable. La lengua del animal y los órganos externos estaban arrancados; su cuello grotescamente retorcido; y su ombligo parecía taladrado. Pero por asombroso que fuese, no había señales de sangre en ninguna parte en el suelo alrededor del animal.