os pilotos que, en 1939, volaban sobre el desierto de Nazca, en el sur del Perú, inesperadamente observaron unos extraños dibujos en el suelo. Con representaciones de animales y aves, así cómo
líneas en espiral y rectas, según alegaban, se parecían a las pistas de despegue de los modernos aeropuertos. Y lo que resultaba aún. más asombroso era que las medidas de los dibujos eran increíblemente exactas. Unos cincuenta años después, los científicos se muestran aún incapaces de explicar los orígenes de estos diseños masivos. Sin embargo, dado que los dibujos sólo son discernibles desde el aire, muchos investigadores especulan acerca de que sus antiguos creadores hubieran sido también capaces de volar, o fuesen dirigidos por alguien que sí pudiese hacerlo.
Para los entusiastas del espacio, como el autor suizo Erich von
Däniken, la explicación de los dibujos resulta muy simple. Los bosquejos nazcas, según opina, son señales de indicadores para guiar a los aviones y se colocaron en el desierto peruano por parte de los visitantes extraterrestres. En su libro de 1967,
¿Carros de los dioses?, Von Däniken propuso que unos seres alienígenas llegaron a la Tierra hace unos 10.000 años y procedieron a manipular los genes de los monos para desarrollar especies de seres humanos. Entonces, sus creaciones consideraron como dioses a los alienígenas.
Las historias de la Biblia, y otras de tipo creación, sugiere Von
Däniken, se arraigan en esas primeras visitas de extraterrestres. Los hallazgos arqueológicos, como los de Nazca, no son más que las reliquias de los antiguos astronautas.
los visitantes de Knaresborough, a orillas del río Nidd, en Yorkshire, se les muestra todavía el pozo y la cueva donde imperó antaño
Ursula Sontheil. Deforme desde su nacimiento, en julio de 1488, Sontheil fue más conocida como la
Madre Shipton, la profetisa que predijo la muerte de reyes, así como la invención del automóvil, el teléfono y el submarino.
A pesar de sus deformidades físicas, la joven Ursula tenía una mente ágil y aprendió a leer y a escribir con más facilidad que sus semejantes. A los veinticuatro años, se casó con
Toby Shipton, de Shipton, York. Su fama de vidente se extendió pronto por toda Inglaterra y por Europa, y centenares de curiosos acudieron a ella para recibir sus a menudo misteriosos pareados.
Sin embargo, algunas de sus declaraciones no eran tan oscuras, como cuando predijo: «Rodarán carruajes sin caballos y los accidentes estremecerán al mundo.. También profetizó el teléfono y la televisión por satélite con estos versos: «Alrededor del mundo volarán ideas, en un abrir y cerrar de
ojos».
Sus contemporáneos debieron sentirse igualmente confusos cuando escribió este pareado: «El hombre caminará sobre y debajo de los ríos, / El hierro flotará en el agua.» Hoy en día, naturalmente, damos los submarinos y los acorazados por cosa sabida.
La Madre Shipton previó muchos de los acontecimientos históricos que dieron forma al mundo moderno, incluida la derrota de la Armada española en 1588: «Y los caballos de madera del Monarca Occidental -dijo- serán destruidos por las fuerzas de
Drake.» En versos más largos, previó la apertura del Nuevo Mundo al comercio inglés por
Sir Walter Raleigh:
Sobre un salvaje y tormentoso mar,
Navegará un noble señor
Que no dejará de encontrar
Un nuevo y bello país
Desde el que traerá
Una hierba y una raíz.
La hierba, desde luego, era el tabaco, y la raíz, la patata.
La Madre Shipton murió en 1561, a la edad de setenta y tres años, después de predecir, con años de anticipación, el día y la hora de su muerte.
ace más de setenta años, tres pastorcillos contaron haber visto la aparición de una «bella señora de los cielos», que más tarde les confió tres secretos.
Lucía, Francisco y Jacinta alegaron haber visto la aparición en una nube suspendida encima de un árbol, cerca del pueblo de Fátima, en Portugal. La mujer misteriosa les dijo que regresasen al mismo lugar el día 13 de cada mes. El día señalado, un mes después, los niños se dirigieron a un roble, seguidos de unos 50 aldeanos que se habían enterado del relato de los niños, ya por todo Fátima.
Aunque algunos testigos alegaron, posteriormente, que, en efecto, había una nube baja suspendida por encima del árbol, nadie excepto los niños vio a la mujer. Los resultados no fueron diferentes al mes siguiente, y pronto los escépticos empezaron a regañar a las niños, así como a los adultos que se habían enzarzado en aquella especie de juego. No obstante, los niños insistieron en que decían la verdad.
A pesar de la prohibición de la jerarquía eclesiástica, los niños continuaron acudiendo al árbol el día 13 de cada mes. En un lluvioso 13 de octubre de 1917, que al final resultó ser la última presentación de la aparición, el lugar estaba atestado de fieles católicos, que confiaban, desesperadamente, ser testigos de un milagro. Aunque los niños fueron una vez más los únicos que la vieron, la mujer se identificó como
«Nuestra Señora del Rosario» y divulgó los tres secretos. Luego, la visión se desvaneció. De repente, según informaron más tarde los aldeanos, la lluvia cesó y las nubes se disiparon, revelando un Sol que empezó a girar y caer a plomo sobre el suelo. La aterrada muchedumbre estuvo segura de que el mundo se acababa, pero muy pronto el Sol regresó a su posición normal. Este pintoresco comportamiento se afirma que ocurrió dos veces más.
¿Pero, qué hay acerca de los secretos guardados por los niños? No fueron divulgados nunca por parte de Francisco o Jacinta, que murieron durante la epidemia de gripe de 1918. Sin embargo, Lucía escribió más tarde un relato acerca de la experiencia, en el que describía las predicciones, a requerimiento de la Santa Sede. Escribió que una de ellas era una visión del infierno y otra se refería al desencadenamiento de la Segunda Guerra Mundial.
A petición de la señora, según dijo Lucía, el tercer secreto no debía divulgarse nunca y, en efecto, permaneció en un sobre cerrado hasta que el
Papa Juan XXIII lo abrió en 1960. La revelación aterró tanto a Su Santidad, que se cuenta que ordenó que se cerrara de nuevo y no se hiciera jamás público.
Hasta que hace unos años el Papa Juan Pablo II dio a
conocer el tercer secreto de Fátima el cual se profetizaba el
atentado que sufrió Juan Pablo II, el cual casi le costó la
vida.
l doctor
Nandor Fodor era psicoanalista e investigador espiritista, un hombre muy querido por todos los que le conocían.
Cuando murió, el 17 de mayo de 1964, algunos objetos de su apartamento empezaron a moverse misteriosamente, como si el investigador difunto tratase de demostrar al mundo que continuaba existiendo. Pero fue el comportamiento de las flores de la terraza lo que más impresionó a su esposa.
«En nuestra terraza hay flores -explicó-. Las rosas trepadoras suelen durar cuatro días; después pierden sus pétalos y se forman nuevos capullos. Pero, después de la muerte de mi marido, las rosas, unas ciento cincuenta de ellas, florecieron al momento y duraron varias semanas.»
Cuanto más observaba Amaya Fodor las rosas, tanto más crecía su interés.
«Durante aquel período, ninguna rosa perdió un pétalo -explicó-. Entonces, un día, todas se marchitaron juntas. Las corté y, mientras lo
hacía, deseé solamente una rosa. La tuve una semana más tarde; solamente una, que también duró varias semanas.»
¿Pudieron florecer por casualidad estas rosas misteriosas? Es posible, pero el caso de Fodor no es único. La conocida novelista
Taylor Caldwell refiere una experiencia similar en el número de octubre de 1972 de
Ladie's Home Journal. Mrs. Caldwell y su marido, Marcus Rebak, tenían una mata de lirios de resurrección que nunca florecían; no lo había hecho ni una sola vez en veintiún años. Rebak solía chancearse con su esposa, diciéndole que
no puedes demostrar la resurrección con esos lirios. Sin embargo, cuando él murió, en abril de 1970, los lirios florecieron al fin... el día de su entierro.
urante al menos un siglo y medio, los marineros de
Nueva Escocia, en la costa oriental de Canadá, han visto algunas criaturas muy extrañas... y muy grandes.
Una de las primeras visiones tuvo lugar en 1845, cuando los pescadores
John Bockner y James Wilson vieron una serpiente de tres metros de largo en St. Margaret's Bay. Informaron de ello al reverendo
John Ambrose, que poco después tuvo su propio encuentro con el monstruo.
En 1855, los residentes en Green Harbour se aterrorizaron al ver, según dijo un ciudadano,
«una odiosa largura de terror ondulante» que perseguía a las barcas de pesca locales, al parecer con malas intenciones. Mientras los pescadores trataban desesperadamente de llegar a tierra, sus familias los contemplaban impotentes. Un observador describió la criatura en un número de la revista americana del siglo XIX
Ballou's: «Cerca de lo que podía ser la cabeza, se alzaban una jiba o cresta coronada con una ondulante masa de largos y oscilantes pelos, como una melena, mientras que detrás, en una longitud de trece o quince metros, se
movían o rodaban lentamente las espirales de su enorme cuerpo de serpiente. El movimiento era en curvas verticales y las contorsiones de la espalda subían y bajaban alternativamente desde la cabeza hasta la cola, dejando detrás una estela, como de un vapor a hélice, sobre la lisa superficie del océano.»
Al acercarse la criatura a la playa, los observadores pudieron oír un ruido como de vapor escapando de la bestia. Ahora pudieron ver unos dientes brillantes, unas aristas salientes sobre unos ojos malignos, escamas de un azul oscuro en la cabeza y la espalda, y de un amarillo en la panza. La cabeza tenia dos metros de largo.
La criatura renunció al fin a la caza y los agotados pescadores llegaron sanos y salvos a tierra. Pero el día siguiente, fue vista de nuevo por tres hombres que iban en una barca. Se alejaron remando a toda prisa y no fueron perseguidos.
Después, en 1883, seis militares que pescaban en Mahone Bay se sobresaltaron al ver lo que parecía una enorme versión de una «serpiente común», con una cabeza de dos metros de largo saliendo del agua. La criatura, que se movía con rapidez, tenía el cuello grueso como el tronco de un árbol y era negra o de un castaño oscuro, con rayas blancas irregulares. Aunque no pudieron ver todo su cuerpo, los testigos coincidieron en que debía de tener unos veinticinco metros de largo.
En 1894, un hombre llamado Barry observó una bestia similar mientras estaba descansando en un muelle de la población costera de Arisaig. A unos 40 metros de distancia, la criatura, de aproximadamente 20 metros de largo, nadaba con un movimiento «ondulatorio». También pudo ver una cola que era «como la mitad de una cola de
caballo».
Relatos sobre estos gigantescos lunkers, como los llaman los habitantes de Nueva Escocia, han continuado hasta tiempos muy recientes.
El 5 de julio de 1976, Eisner Penney, de Cape Sable Island, Nueva Escocia, vio una cosa enorme y lo contó a algunos amigos. Éstos se burlaron de él, pero, pocos días más tarde, uno de ellos,
Keith Ross, junto con su hijo Rodney, la vio también.
«Tenía unos ojos grandes como platos, rojos y brillantes
-dijo-. Quiero decir que se podía ver el rojo de sus ojos como si estuviesen inyectados en sangre. Tenía la boca abierta de par en par y había en ella dos grandes colmillos, si, colmillos, que sobresalían de su mandíbula superior. Pasó a popa de nosotros, y muy cerca. Y pudimos ver su cuerpo, de unos trece o quince metros de largo, con una piel grisácea, parecida a la de una serpiente, llena de protuberancias y bultos y lapas. Y nos pareció que tenía una cola de pez, una cola vertical, no plana como la de una
ballena.
La barca de Ross se alejó rápidamente y pronto perdieron de vista a la criatura entre la niebla. Detectaron otra embarcación en el radar de a bordo y se dirigieron hacia ella. Irónicamente, Eisner Penney iba en aquella embarcación. Al decirle Ross lo que acababa de ver, oyeron que la criatura pasaba a poca distancia. Ésta fue vista de nuevo, unos días más tarde, por el pescador
Edgard Nikerson.
Nadie tiene idea de lo que son estas criaturas, aunque se ha informado de la presencia de bestias similares en todo el mundo. En el siglo XIX, fueron llamadas
«serpientes de mar» y constituyeron objeto de una animada controversia entre los zoólogos. Sean lo que fueren los
lunkers de Nueva Escocia, parece seguro que no son serpientes, ni siquiera serpientes de gran tamaño. Las serpientes no pueden ondular verticalmente. No tienen, desde luego, colas como las de los peces.
egún el psicólogo
Takeji Furukawa, en su libro Grupos sanguíneos y temperatura, el tipo sanguíneo de una persona revela una gran cantidad de información. La gente con el tipo sanguíneo O, por ejemplo, son los mejores empleados; los del tipo B son personas amantes de la libertad, y los del tipo A son los que tienen más éxito cuando se les instruye acerca de su medio ambiente. Aunque se publicó durante los años treinta, y fue dado de lado por las autoridades médicas, se convirtió en el ímpetu de una locura nacional japonesa cincuenta años después.
Durante los años ochenta, la Cruz Roja japonesa comenzó a informar de un flujo sin precedentes de estudiantes de 16 a 19 años que donaban sangre en los furgones de la institución. Los adolescentes respondieron que no lo hacían porque creyesen que era su deber cívico, sino también porque deseaban aprender cosas acerca de los tipos sanguíneos.
Luego, consultando el libro de Furukawa, podrían determinar de acuerdo con él sus rasgos característicos. Los horóscopos basados en la sangre, también se abrieron camino en las revistas japonesas para mujeres. Además, un servicio para concertar matrimonios comenzó a requerir el tipo sanguíneo para investigar las solicitudes de sus clientes. Y un instituto japonés de sondeos indicaba los grupos sanguíneos entre sus datos demográficos. Las autoridades médicas volvieron a desenmascarar al libro de
Grupos sanguíneos y temperatura y afirmaron que había tenido un pequeño efecto sobre la popularidad de los sangrescopios.
Qué pasaría si hipnotizase usted a alguien y éste empezase a hablar en noruego antiguo? Pues esto es precisamente lo que le ocurrió al doctor
Joel Whitton, eminente psiquiatra canadiense que estudiaba con escepticismo la cuestión de la reencarnación.
Desde el famoso caso de Bridey Murphy en los años cincuenta, los psicólogos de la Nueva Era han tratado de hacer volver a sus sujetos a vidas anteriores. Pocos de ellos parecen haber logrado nunca algo interesante, pero esto no impidió a Whitton intentarlo también. El sujeto predilecto del psiquiatra fue un psicólogo profesional que, durante el trabajo hipnótico que realizaban juntos, empezó a recordar y oír lenguas extrañas que por lo visto había hablado durante dos vidas anteriores. Gradualmente surgieron recuerdos de una existencia vikinga alrededor del año 1000 y de una encarnación anterior en Mesopotamia.
Al informar del caso a la Society Psychical Research, de Toronto, dijo Whitton que su sujeto recordó con acierto veintidós palabras de noruego antiguo, precursor del moderno irlandés y lengua usada por los antiguos vikingos. Muchas de estas palabras, incluidas las referentes al mar, fueron identificadas y traducidas por dos expertos en noruego antiguo.
El sujeto de Whitton, cuya identidad no ha sido revelada, nunca habló bien en la lengua mesopotámica del siglo VII, pero escribió algunos fragmentos que se parecían al
pahlavi sasánida, lengua muerta que fue común en Persia entre los siglos III y VII d. de J.C.
Whitton no está seguro de que este caso único demuestre la existencia de la reencarnación. Es posible, confiesa, pero no probable, que su sujeto tomase las palabras y la escritura de alguna fuente normal.
a orilla occidental del río Danubio, en Yugoslavia, no se creía que resultase significativa en lo referente a civilizaciones prehistóricas. Se había dado por supuesto que el Neolítico europeo no había sido el lugar de nacimiento de ninguna civilización independiente, sino que su desarrollo cultural se había visto, en gran parte, determinado por las influencias del Próximo Oriente. Pero, en 1965, los arqueólogos realizaron un sorprendente descubrimiento en una curva del Danubio, en forma de pezuña de caballo, donde hallaron un poblado pequeño pero altamente organizado, fechado en el año 5800 a. de C.
Notable como modelo de organización social, económica, religiosa y artística, la colonia prehistórica europea, a la que los arqueólogos bautizaron como
Lepenski Vir, parecía haberse desarrollado de forma independiente de cualquier influencia exterior, a menos que sus fundadores fuesen viajeros o refugiados procedentes de una zona mucho más remota. Además de un santuario que contenía esculturas pétreas de extraordinaria sofisticación, una plaza central se abría en calles alineadas con edificios trapezoidales y de otras formas geométricas. Los suelos de las viviendas, además, habían sido pavimentados con un ingenioso mortero compuesto de piedra caliza, agua, grava y arena.