l famoso psíquico
Edgar Cayce hizo historia en la parapsicología durante los años treinta con sus predicciones médicas por medio del trance dirigido, logrando que entes espirituales hablaran a través de él, mientras permanecía en un estado de trance parecido al sueño.
Cayce dijo que se dio cuenta de sus talentos por primera vez a la edad de trece años, leyendo la Biblia en la granja de la familia en Hopkinsville, Kentucky. Sintiendo, de repente, que no se encontraba solo, alzó los ojos y vio a una mujer de pie delante suyo. El sol radiante detrás de ella le impidió distinguir sus rasgos con claridad. Pero cuando ella habló, su voz era afectadamente suave y lírica.
-Tus oraciones han sido escuchadas -dijo, y le explicó que sólo le hacía falta pedir cualquier cosa para que ella le concediera lo que él quisiera.
Lo que él más quería, contestó temblando, era ser útil a los demás, sobre todo a los niños enfermos. Con esto la mujer desapareció para no volver a ser vista jamás. Edgar tuvo la sensación de estar perdiendo la razón.
Los profesores de Cayce siempre se habían quejado de que el niño, que no era particularmente un buen estudiante, se mostraba poco atento, lo que nunca agradó a su padre.
Una tarde, después de su visión, el joven Edgar estaba luchando con sus lecciones de ortografía con ayuda de su padre, que se hallaba decidido a conseguir que su hijo aprendiera a escribir, aunque fuera lo último que hiciera en este mundo. Estudiaron larga y detenidamente la cartilla de ortografía, obteniendo Edgar algún éxito. De pronto, éste oyó de nuevo la voz mágica, que en esta ocasión le decía:
-Si puedes dormir un poco, te ayudaremos.
Después de suplicarle a su padre, Edgar, finalmente, se arrellanó en un sillón con su libro bajo la cabeza.
Después de su siesta y reanudado el estudio, para asombro de su progenitor, Edgar no sólo escribía cada palabra correctamente al primer intento, sino que, además, escribía palabras de lecciones posteriores. Sabía la numeración de las páginas de cada lección e identificaba igualmente las ilustraciones que las acompañaban. A partir
de ese momento, Edgar conservó su capacidad de retención casi fotográfica de cualquier material después de haber dormido literalmente encima de él.
No había transcurrido mucho tiempo cuando realizó su primer diagnóstico psíquico... en sí mismo.
Una vez, en un recreo, Edgar fue golpeado con una pelota de béisbol a la altura de la base de la columna vertebral. Aunque no pareció haber resultado ninguna lesión seria, el adolescente, normalmente reservado, se comportó de modo extraño durante el resto del día, arrojando cosas a su hermana y replicando a su padre. Y aquella noche sus padres le oyeron hablar en sueños, diciendo que padecía una postración nerviosa a causa de la lesión en la columna y recetó el tratamiento adecuado: un emplasto de cereales, cebolla y hierbas aplicado en la nuca. Suponiendo que aquello no podría causar ningún daño, sus padres siguieron su misterioso consejo. Por cierto, Edgar volvió a la normalidad, a pesar de que no se acordaba de nada acerca del día anterior.
obert Louis Stevenson siempre admitió que los argumentos de sus
relatos populares se derivaban de los sueños. Incluso alegó que podía soñar a voluntad esos argumentos. Al principio de su carrera, escribió un relato acerca de la personalidad dual -una buena y otra mala- con el título de
«El compañero de viaje». El cuento fue rechazado sumariamente por un editor, que dijo que la idea era ingeniosa, pero que el argumento resultaba muy flojo. Frustrado por su incapacidad para mejorar el relato, Stevenson decidió soñar la solución. Dotado de un extraordinario recuerdo, pudo acordarse de cada detalle del argumento de nuevo soñado. Y, mientras escribía lo soñado,
«El compañero de viaje» se transformó en el clásico El Dr. Jekyll y
Mr. Hyde.
ara los seguidores de la religión tibetana budista, de muchos siglos de antigüedad, el epítome del liderazgo espiritual y de perfección lo constituye el hombre-dios al que se conoce como
Dalai Lama. Su significado se apoya en el dogma budista de la reencarnación.
Para los budistas, el fin último de la reencarnación es el nirvana, a cuyo nivel todos los requerimientos kármicos de la vida humana han quedado satisfechos y el alma puede descansar en su estado de iluminación. Sin embargo, las almas más avanzadas pueden elegir permanecer en el ciclo de la reencarnación hacia el nirvana. Entre tales seres, llamados
bodhisatvas, el más sagrado es Avalokitesvara, el Bodhisatva de la Compasión. Cada
Dalai Lama, a través de la historia del budismo, se ha creído siempre que constituye la reencarnación de
Avalokitesvara.
Después de la muerte de cada Dalai Lama, los monjes consultan a los oráculos para determinar dentro de qué niño se ha reencarnado el espíritu de Avalokitesvara. Una vez encontrado, el niño es probado para atestiguar la presencia del espíritu y determinar si el chiquillo se convertirá en el nuevo
Dalai Lama. El ritual requiere que el niño seleccione correctamente las posesiones de su predecesor, entre una miscelánea colección de objetos. Esto es posible porque, a diferencia de los simples mortales, los
bodhisatvas conservan sus recuerdos de las vidas pasadas.
Muchas otras historias rodean al Dalai Lama. Por ejemplo, cuando el Ejército Rojo chino hubo consolidado su dominio sobre China, en 1950, los comunistas chinos restablecieron la soberanía de China sobre el Tíbet, firmando ese año un tratado con el
Dalai Lama. Sin embargo, los tibetanos continuaron resistiéndose, hasta que fueron sometidos en 1959. El mayor premio de la victoria china hubiese sido el capturar al
Dalai Lama, el jefe espiritual de millones de tibetanos y de chinos. Pero los chinos nunca llegaron a detenerlo, aunque iba acompañado de una numerosa comitiva a la que hubieran debido localizar con facilidad las tropas especiales chinas, que empleaban modernos aviones.
Cuando el Dalai Lama se aproximaba a un paso montañoso que llevaba a la libertad, en la India, se alzó de repente una pesada e imprevista niebla y cubrió la zona fronteriza haciendo imposible a los aviones que lo encontrasen, y una conveniente ventisca borró las huellas de su paso a las tropas que le perseguían.
Luego se estableció en la India, donde aún sigue, robustecido en su alegación de ser el administrador del Tíbet y protegido, evidentemente, por los dioses tibetanos de la nieve y de la niebla.
eter
Sugleris, de veintidós años, tiene mucho en común con el famoso israelí
Uri Geller, incluida la facultad de doblar objetos de metal como llaves y monedas, afectar a distancia a instrumentos electromagnéticos, y parar y poner en marcha las saetas de relojes. Sugleris dice que puede también levitar como el venerable
José de Cupertino y el médium del siglo XIX D. D.
Home.
Ya de pequeño, la madre griega de Sugleris, que cree que su facultad de levitar puede ser heredada, le llamaba Hércules, debido a sus peculiares facultades. El tío materno de ella
tenía fama de haber levitado al menos en dos ocasiones, cuando tenia dieciséis y dieciocho años.
Sugleris dice que cuando levita con más frecuencia es en presencia de miembros de la familia en el curso de la vida ordinaria. Pero añade que puede levitar a voluntad siempre que no se lo pidan, en presencia de otros. El hecho requiere una enorme concentración, dice, y con frecuencia se prepara durante varios meses siguiendo una dieta vegetariana.
En la ocasión más reciente, grabada en cinta magnética por su esposa
Esther a finales de febrero de 1986, Sugleris se elevó aproximadamente cincuenta centímetros sobre el suelo de la cocina y permaneció cuarenta y siete segundos suspendido en el espacio. Durante la levitación, su cara hizo una mueca tal que asustó a su esposa. «Pensé que iba a reventar -dijo ella-, tan hinchado estaba.» Más tarde, Sugleris describió la experiencia, diciendo que había sudado copiosamente y había sentido vértigo y modorra. «Tardé diez o quince segundos en recobrar el conocimiento -observó-. Estaba confuso y mareado, y tuve la impresión de que iba a desmayarme. Fue fruto de la cólera. Quería demostrar que podía hacerlo.»
La espantosa mueca durante la levitación recuerda al menos en parte las circunstancias de San José de Cupertino, que se elevaba con frecuencia y que, según decían los testigos, empezaba y terminaba sus vuelos con un grito estridente y penetrante.
urante más de un siglo, un fantástico fenómeno luminoso viene produciéndose en la remota región al este de Boulia, en el sudoeste de Queensland, Australia. Las luces tomaron su nombre de una oficina de correos y taberna llamada
Min Min, derruida
hace mucho tiempo. Pero las luces continúan sorprendiendo tanto a los curiosos como a los que pasan casualmente por el lugar.
Uno de los primeros testimonios escritos, publicado en marzo de 1941, hace referencia a un ganadero que viajaba entre Boulia y Warenda Station una noche nublada. A eso de las diez, al pasar por delante del viejo cementerio de los tiempos de Min Min, observó un extraño resplandor en medio de aquél. La luz adquirió el tamaño de una sandia, flotó momentáneamente sobre las lápidas y se desplazó en dirección a Boulia. Según el ganadero, la luz le siguió durante todo el camino hasta la población.
Pero entonces resurgieron relatos más antiguos. Henry Lamond refirió en Walkabout una experiencia de su infancia con las luces Min Min en 1912. Al principio pensó que eran los faros de un automóvil que se acercaba.
-Los coches -dijo- aunque no abundaban, no eran raros.
Pero pronto se evidenció que no era una luz normal.
-Siguió siendo como una bola bulbosa -observó Lamond-, en vez de dividirse en dos faros como hubiese debido hacer. Y estaba a demasiada altura para ser de un coche. Había en ello algo misterioso.
La luz avanzó gradualmente hacia Lamond, que iba a caballo, hasta que se cruzó con él, a unos 200 metros de distancia.
-De pronto -dijo- menguó y se extinguió a lo lejos. No se apagó de golpe. Su desaparición pareció más el oscurecimiento gradual de los hilos de una bombilla eléctrica.
La luz Min Min -sea lo que fuere- todavía sobresalta a las personas en los tramos solitarios de carretera del outback australiano.
n el mar navegan más cosas de lo que nunca imaginó
Horacio. Consideremos la historia del infortunado bergantín
Palatine, inmortalizado en el emocionante poema del mismo nombre de
John Greenleaf Whittier. Según se dice, el Palatine zarpó de Holanda
en 1752, con una carga de emigrantes con destino a Filadelfia. Según el poema de Whittier, la tripulación se amotinó después de atracar el barco en Block Island, frente a la costa de Nueva Inglaterra. Los amotinados incendiaron el barco, y los gritos de una pobre viajera que quedó atrapada resonaron sobre las turbulentas olas.
Según la leyenda, el funesto bergantín reaparece periódicamente como una bola de fuego en el mar. Whittier lo describió de esta manera:
!Mirad! Una vez más, brillante y resplandeciente, Sobre las rocas y la hirviente agua salada, El esqueleto en llamas del Palatine.
Desgraciadamente, no consta en ningún registro que el
Palatine saliese de Holanda o de cualquier otro puerto. Pero, al menos en este caso, los hechos son tan impresionantes como la poética leyenda. Pues demuestran los registros que un buque llamado
Princess Augusta zarpó de Rotterdam en 1738, con destino a Filadelfia, llevando como pasajeros a 350 alemanes de las regiones del Bajo y el Alto Palatinado. El viaje no podía empezar peor.
Un agua infectada mató pronto a la mitad de la tripulación y a un tercio de los pasajeros en sus literas, incluido el capitán
George Long, que murió de sed. Después tropezó el Augusta con un tiempo frío y un mar encrespado que le obligaron a cambiar de rumbo. Para empeorar las cosas, la tripulación exigió dinero y objetos valiosos a los pasajeros que quedaban. Casi por suerte, atracó el 27 de diciembre en el extremo norte de Block Island. Los isleños socorrieron a muchos pasajeros; pero no pudieron salvar el equipaje, debido a las actividades de la tripulación, que soltó las amarras del
Augusta, dejando que se estrellase y se hundiese. Mary Van der Line, que se había vuelto loca, se hundió con el barco, por querer guardar hasta el fin sus cofres plateados. De las 364 personas que habían salido de Rotterdam, sólo sobrevivieron 227.
Pero, ¿y el fuego, «brillante y resplandeciente», sobre el que escribió Whittier? Poco después de hundirse el Augusta, otro capitán que pasó por el estrecho de Block Island dijo haber visto un barco en llamas en el mar. Según consignó en el cuaderno de bitácora, «me impresionó tanto aquella visión que seguimos al barco incendiado hasta su tumba en el mar, pero no pudimos encontrar supervivientes ni pecios».
Pero, desde entonces, los observadores han continuado viendo la que se ha llamado
«Luz del Palatine», un resplandor misterioso que se desplaza en y alrededor de las aguas próximas a Block Island, cuyos vecinos lo dan por cosa cierta. El médico local, Aaron C. Willey, escribió en 1811: «A veces es pequeño, parecido al de una luz en una ventana lejana; otras se extiende hasta la altura de un barco con las velas desplegadas. En realidad, la hoguera emite rayos luminosos.
«La causa de este "brillo errante" -añadió Willey- es un tema curioso para la especulación filosófica.» Y también para los que creen que la vida imita al arte, en todas sus ramificaciones.
oger Williams fue uno de los más honrados y amados primeros colonizadores del Nuevo Mundo. Tras haber llegado, en 1631, a Massachusetts desde Cambridge, en Inglaterra, fue más tarde desterrado a Rhode Island por sus abiertas opiniones religiosas. No obstante, en su nuevo hogar, Williams se convirtió en el dirigente de la pequeña colonia, famosa por su libertad religiosa carente de precedentes.
Cuando Williams murió, en 1683, fue enterrado en una tumba señalada con una modesta lápida. Sin embargo, algunos años después los funcionarios de Rhode Island decidieron erigir un memorial más apropiado. Cuando se abrió la tumba, ante el asombro general, se comprobó que se hallaba vacía.
Al principio, los miembros de la comisión para honrar la memoria de Roger Williams sospecharon que unos ladrones habrían robado los restos de aquel líder. Pero, en realidad, no se trataba de nada tan siniestro.
Al parecer, a medida que habían ido creciendo las raíces de un manzano cercano, se abrieron paso por el ataúd donde rodearon y más tarde absorbieron los restos de Roger Williams. La prueba la dio un enmarañamiento de raíces que presentaban un notable parecido con un cuerpo humano.
La comisión decidió cortar las raíces, que en la actualidad se
hallan en poder de la Sociedad Histórica de Rhode Island.
egún la Biblia, el rey
Salomón era fenomenalmente rico, y resulta claro que importaba la mayor parte de sus metales y piedras preciosas, así como otros productos exóticos y lujosos, de lejanas tierras. La mayor parte de todo eso se cree hoy que era cobre o latón, pero el misterio sigue ocultando el paradero de las fabulosas minas.
Las pistas de la Biblia apuntan a dos lugares: Ofir, de donde procedía el oro, y
Tarsis, conectada con navíos y recogido el oro por los mismos. Por desgracia, no hay indicación de la ubicación de esta ciudad. Existen cierto número de posibilidades, por lo menos en lo que se refiere a Tarsis. En primer lugar, puede haber más de un Tarsis (cuyo nombre se pueden traducir por «fundición»), de donde Salomón obtuviera sus metales. Según el historiador judío
Flavio Josefo, que tradujo el Antiguo Testamento en el siglo
I de nuestra era, en realidad se trataría de Tarso, un antiguo puerto romano. Pero, dado que Salomón estaba relacionado con los navegantes y mercaderes fenicios, que colonizaron la actual España, Tarsis podría ser Tartesos, un reino cerca de Cádiz y descrito por los griegos como rico en plata.
Tartesos pudo ser incluso el punto de partida para mayores aventuras marítimas en torno de África y, tal vez, hasta llegar a América. Los viajes al hemisferio occidental constituyen una posibilidad, que se ha convertido en más tentadora desde el descubrimiento, en la costa mediterránea de Israel, de un texto que menciona el «oro de Ofir», y sugiere que a Ofir se llegaba a través de Gibraltar. Así, pues, los fenicios pudieron visitar Brasil, que significa «hierro» en arameo y hebreo, un fascinante ejemplo de un nombre antiguo aplicado a una tierra y a su producto principal (el palo brasil) antes de que fuera descubierto «oficialmente» por exploradores posteriores.
nos espeleólogos soviéticos que exploraban cuevas en la Rusia central, descubrieron una virtual ciudad de los muertos, compuesta por docenas de momificados hombres antiguos, caballos y animales salvajes. Los científicos soviéticos especulan que los hombres debieron huir de los ejércitos de
Alejandro Magno, que llegaron al actual Afganistán, en el siglo IV a. de C. Por otra parte, debieron ocultarse en las cavernas a causa de odios tribales y acabaron teniendo una misteriosa muerte colectiva. Otros, como el antropólogo de la Universidad de Emory,
Brad Shore, creen que los hombres tal vez fuesen víctimas de un desastre natural: un corrimiento de barro o de tierras habría atrapado a las infortunados, enterrándolos vivos y luego conservaría sus cadáveres.
Sin embargo, las momias también han mostrado evidencia de una infestación de ácaros que dejaron a los hombres con dolorosas llagas corporales, las cuales no resultan sorprendentes para la gente de la montaña que vive hoy en esa zona. Siempre han creído que la peste negra se originó a través de ácaros de las cavernas cercanas.
os detectives de homicidios de Atlanta están acostumbrados a ver sangre. Es algo propio del territorio, y de cuerpos tiroteados o apuñalados o golpeados. Pero no
estaban preparados para la sangre sin un cuerpo, especialmente una sangre que brotaba de las paredes y formaba charcos en el suelo de la vivienda de un anciano matrimonio de Georgia, compuesto por
William
Winston, de setenta y nueve años, y su esposa Minnie, de setenta y siete. Minnie Winston fue la primera que observó la sangre que brotaba «como una regadera» del suelo del cuarto de baño de su casa de ladrillos y tres dormitorios y veintidós años de antigüedad, en
septiembre de 1987. La pareja llamó ala policía poco después de la medianoche del día 9, cuando encontró más sangre rezumando de las paredes y del suelo en cinco habitaciones separadas.
«Yo no he sangrado -dijo William Winston-. Mi mujer no ha sangrado. Y aquí no hay nadie más.» Aquella noche, Winston se había acostado a eso de las nueve y media, después de cerrar las puertas y activar un sistema de alarma. Ni los Winston oyeron a ningún intruso, ni funcionó la alarma.
Steve Cartwright, detective de homicidios de Atlanta, declaró que la
policía había encontrado «grandes cantidades de sangre» en toda la casa, pero ningún cadáver, animal o humano, que hubiese podido explicar el fenómeno. El Laboratorio de Criminología del Estado de Georgia confirmó el día siguiente que aquella sangre era humana.
Cal Jackson, portavoz de la Policía de Atlanta, dijo que el departamento estaba tratando el incidente «como una circunstancia desacostumbrada, pues no tenemos un cuerpo o una causa de la sangre».