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INDICE DE CONTENIDOS LETRA L

001   ¿Los primeros seres humanos?
002   La aeronave de 1897
003   La aeronave de Mr. Wilson, en 1897
004   La Armada perdida de Alejandro Magno
005   La batalla de fantasmas de Büderich
006   La batalla oída diez años más tardes
007   La Bestia de Exmoor
008   La bolsa psíquica
009   La bomba debajo de la cama 
010   La búsqueda del Sasquatch 
011   La buscadora de niños
012   La búsqueda de El Dorado
013   La calavera de cristal
014   La cápsula del tiempo más grande del mundo
015   La carretera del recuerdo
016   La casa de la colina encantada
017   La ciudad que se desvaneció dos veces
018   La cuarta muerte de Musyoka Mututa
019   La dama de azul
020   La desaparición de Friesland
021   La desaparición y reaparición de la misión española
022   La estrella de nueve lunas
023   La extraña muerte de unos cerdos
024   La extraña visita de Dadaji
025   La extraña visita de Mary Roff
026   La fatídica visión de Mark Twain
027   La fotografía Kirlian
028   La gente menuda
029   La huella de la mano en la celda 17
030   La huida del pulpo gigante
031   La imagen en el humo del Challenger
032   La Incendiaria
033   La joven de fiesta del cementerio de la resurrección
034   La leyenda del conde de Saint-Germain
035   La losa funeraria de Pacal
036   La madre de todos nosotros
037   La maldición de Dunnellen Hall
038   La maldición de la Carretera 55
039   La maldición de la tumba del Rey Tut
040   La maldición de Charles Haskell
041   La maldición del diamante Hope
042   La maldición psicosomática
043   La misteriosa plaga griega 
044   La moneda teletransportada 
045   La montaña Waldo
046   La mujer que fue resucitada por el hombre al que amaba
047   La naúfraga y la tortuga gigante
048   La peor pesadilla
049   La pesadilla de ser enterrado vivo
050   La pirámide en el fondo del mar
051   La precognición y las carreras
052   La premonición de Mark Twain
053   La psicofísica y el mercado de la plata
054   La reencarnación de la esposa de un pastor
055   La serpiente de mar hundida
056   La sorprendente arqueología de Bligh Bond
057   La treceava huella
058   La tumba con trampa explosiva
059   La venganza del cactu
060   La vida anterior de Shanti Devi
061   La visión de Cyrano de Bergerac
062   La visita a un huérfano de su madre
063   Lágrimas de alegría
064   Las águilas de la Atlántida
065   Las caras de Bélmez
066   Las columnas de cemento de Nueva Caledonia
067   Las desdichas de Black Gold
068

  Las extrañas luces de la Luna

069   Las extrañas lunas de Marte
070   Las facultades de Uri Geller
071   Las facultades psíquicas de Edgar Cayce
072   Las historias soñadas de Robert Louis Stevenson
073   Las innúmeras vidas del Dalai Lama
074   Las levitaciones de Peter Sugleris
075   Las luces de Min Min
076   Las luces del Palatine
077   Las manzanas de Roger Williams 
078   Las minas del Rey Salomón 
079   Las misteriosas momias soviéticas
080   Las paredes sangrantes
081   Las pistas de Nazca
082   Las profecías de la Madre Shipton
083   Las profecías en Fátima
084   Las rosas de la resurrección
085   Las serpientes de mar de Nueva Escocia
086   Lecturas de grupos sanguíneos
087   Lenguajes reencarnados
088   Lepenski Vir
089   Lincoln y Kennedy
090   Línea de partida de los alienígenas
091   Líneas de salvamento para los no del todo muertos
092   Lo que contenía la mano petrificada
093   Los ángeles de Mons
094   Los antiguos conocían la existencia de la Antártida
095   Los ataúdes que no querían estarse quietos
096   Los enanitos de Islandia
097   Los falsos (o verdaderos) OVNIs de Hudson Valley
098   Los fantasmas de la escalera
099   Los fantasmas de la torre de Londres
100   Los fantasmas del S.S. Watertown
101   Los fantasmas del vuelo 401
102   Los fatídicos sietes del capitán McLoed
103   Los hacedores de lluvia
104   Los hombres de negro
105   Los indios de ojos azules que hablaban galés
106   Los juegos de Gilbert Murray
107   Los misteriosos canales marcianos
108   Los monjes parlanchines de Glastonbury
109   Los muertos andantes
110   Los niños lobo de la India
111   Los niños verdes de Banjos 
112   Los pequeños túneles de antiguo México 
113   Los poderes sanadores del padre Pío
114   Los soldados espectrales de Loe Bar
115   Los sueños y premoniciones de Chris Sizemore
116   Los tesoros de cocos
117   Los zurdos Antanalas
118   Luces fantasmas
119   Luciérnagas
120   Luz roja sobre Ithaca

na mujer desesperada por encontrar a sus hijos perdidos es capaz casi de todo. Obsérvese el caso de la neoyorquina Joanne Tomchik, que perdió a sus hijos, de tres y cinco años, al ser éstos secuestrados por su ex marido en 1972.

Tomchik, frenética, pidió ayuda a la policía e incluso contrató a detectives privados. Pero un año más tarde, y después de gastar seis mil dólares en honorarios, no había aún ninguna pista sobre el paradero de su marido y de sus hijos.

Entonces oyó un programa de radio sobre percepción extrasensorial y decidió acudir a una vidente. El grupo que había intervenido en la emisión le recomendó a Mrs. Millie Cotant, quien observó fotografías de los pequeños Tomchik y tuvo al fin una visión.

Vio un remolque y una camioneta pintada de azul pálido, con placas de matricula de Carolina.

Esto bastó a Mrs. Tomchik. Lo notificó a la Policía de Carolina del Norte y Carolina del Sur, entregándoles fotografías de sus hijos y su ex marido. Un mes más tarde fue localizado Andrew Tomchik en Carolina del Norte; vivía con los niños en una aparcamiento de caravanas. Había empleado una camioneta pintada de azul claro. Tomchik fue declarado culpable de abusar de sus derechos de visita y Mrs. Tomchik se reunió felizmente con sus hijos.

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n 1492, cuando Cristóbal Colón descubrió la primera de las muchas islas caribeñas, había emprendido una expedición para encontrar una nueva ruta hacia Oriente, en busca de especias, joyas, oro y plata.

Pero no halló nada de eso, y ya hacía tiempo que Europa perdía las esperanzas de desenterrar grandes riquezas en el Nuevo Mundo. En 1520, empero, renació el interés cuando Hernán Cortés volvió con los tesoros con que le había obsequiado el último emperador azteca, Moctezuma: un plato espléndidamente labrado, ornamentos en forma de figuras humanas, pendientes, chihuahuas, esculturas de tigres, panteras y monos -todo de oro- y otros objetos que deslumbraron a los europeos. Era la indicación de El Dorado, el hombre dorado. Y su búsqueda se ha prolongado hasta el siglo XX.

Diez años después de que Hernán Cortés mostrara las riquezas mexicanas ante los monarcas españoles, Carlos I de España nombró al banquero alemán Ambrosius Dalfinger primer gobernador de Venezuela.

No bien llegó, Dalfinger emprendió una exploración del territorio. Tras alcanzar el lago Maracaibo, encontró oro y leyendas sobre el oro. Abundaban los adornos y objetos de oro.

El precioso metal, le dijeron a Dalfinger, provenía de gentes de más al interior, un pueblo tan rico que su jefe, El Dorado, se había pintado con oro. Tras repetidos intentos, Dalfinger murió en la selva sin lograr encontrar El Dorado. Pero había conseguido otro indicio: el oro, le dijeron, provenía del mismo lugar que la sal.

El deseo de hallar El Dorado creció. El sucesor de Dalfinger, Georg Hohermuth, entre otros, también salió en su búsqueda, sin éxito, a pesar de que, sin advertirlo, llegó a menos de 160 km de lo que habría sido su meta, más tarde alcanzada por Gonzalo Jiménez de Quesada.

En la frontera meridional de la región bajo el dominio de los indios chibcha, la sal era en extremo abundante. Allí los hombres de Quesada torturaron a algunos indios para que les revelaran la fuente de sus esmeraldas, que luego cambiaron por oro en el curso de la expedición.

Más tarde, en junio de 1536, Quesada fue conducido hasta Hunsa, pueblo cuyos habitantes iban cargados de oro. Había incluso un verdadero El Dorado: la ceremonia de coronación de los chibcha consiste en ungir al nuevo rey con savia y cubrirlo de oro en polvo.

Con todo, el mismo Quesada no creyó haber encontrado la ciudad de El Dorado y su descubrimiento no alteró en nada la búsqueda. Hasta hubo dos intentos por parte de Sir Walter Raleigh.

Dos o tres veces cada siglo, alguien ha salido en busca de El Dorado. A principios del nuestro, el coronel Percy Fawcett sucedió a los antiguos exploradores aventureros en su búsqueda, desapareciendo alrededor de 1920 probablemente en la densa frontera entre Brasil y Bolivia. Más importante que el modo en que muriera es el dilema de si logró encontrar lo que buscaba.

Si El Dorado en verdad existe, y no ha sido hallado, aún aguarda a alguna persona de suficiente valor y fuerza para intentarlo.
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a popularidad de los cristales de cuarzo está renaciendo vigorosamente en la actualidad, debido a que se le atribuyen propiedades espirituales. Pero el mismo material fascinó a nuestros antepasados. Los griegos lo llamaban crystallos, o sea «hielo claro». En Egipto, en fecha tan remota como el 4000 a. de J. C., las frentes de los muertos eran adornadas con un «tercer ojo» de cristal de cuarzo, para que pudiese ver el alma su camino hacia la eternidad. Tradicionalmente, el material preferido para las bolas de cristal empleadas por los videntes y los médiums ha sido siempre el cuarzo de alta calidad.

Pero el más curioso de los objetos de cuarzo que se conocen es la llamada Calavera de Cristal de Mitchell-Hodges, que algunos creen de origen azteca o maya o de la Atlántida. Incluso su descubrimiento es muy discutido. Se dice que fue encontrado por Anna, joven de dieciocho años, hija adoptiva del aventurero F. A. Mitchell-Hodges, en 1927, mientras se excavaban las ruinas de Lubaantun, «Ciudad de las Piedras Caídas», en la jungla de Honduras Británica. Después de tres años de excavación en el antiguo paraje maya, Anna descubrió el cráneo de cristal de cuarzo, de tamaño natural, entre los restos de un altar derrumbado y una pared contigua. Una mandíbula inferior haciendo juego fue descubierta a ocho metros de distancia, tres meses más tarde.

El equipo de Mitchell-Hodges excavó extensamente en aquella zona. En realidad, contribuyó en gran manera a nuestra presente colección de artefactos y a nuestro conocimiento de la civilización precolombina en el Nuevo Mundo. Pero Mitchell-Hodges era también conocido como ferviente creyente en la leyenda de la Atlántida. Ciertamente, la creencia de que podía demostrarse que había existido un lazo entre la Atlántida y los mayas fue lo que más le impulsó a arriesgarse en las junglas de América Central.

Desgraciadamente, la antigüedad del cristal de roca no puede determinarse por medios convencionales. Sin embargo, los laboratorios «Hewlett-Packard», que estudiaron el misterioso cráneo, calcularon que su confección habría requerido un mínimo de 300 años de trabajo por una serie de artesanos sumamente hábiles. En la escala de dureza, el cristal de roca está poco por debajo del diamante. ¿Por qué era tan apreciado por los que lo tallaron que pasaron tres siglos puliendo pacientemente un trozo de piedra que no era del país?

El misterio de la calavera de cristal aumentó cuando se juntaron las dos piezas y se vio que el claro cráneo oscilaba sobre la base de la mandíbula inferior, dando la impresión de una calavera humana que abría y cerraba la boca. Tal vez fue utilizado por sacerdotes como oráculo.

Otras propiedades atribuidas a la calavera de cristal son todavía más peculiares. Se dice, por ejemplo, que el lóbulo frontal se empaña algunas veces, adquiriendo un color blanco lechoso. En otras ocasiones emite un aura casi fantástica, fuerte y con un débil matiz de color de heno, parecido al anillo que rodea la luna. Sea como producto de una imaginación calenturienta, o estimulados desde dentro del propio cráneo, los que están largos períodos de tiempo en su compañía refieren experiencias desconcertantes que afectan a los cinco sentidos, incluidos sonidos etéreos, olores e incluso fantasmas. El impacto visual de aquel cráneo es hipnótico, incluso para los escépticos.

Pero, sean cuales fueren sus poderes, no parece llevar consigo una maldición fatal contra su poseedor. El propio Mitchell-Hodges estuvo más de treinta años sin perder de vista la calavera y, durante aquel periodo, sobrevivió a tres cuchilladas y ocho heridas de bala. Murió el 12 de junio de 1949, a los setenta y siete años de edad, y legó la calavera de cristal y su misteriosa herencia a su hija adoptiva, que la había encontrado enterrada debajo de un antiguo altar en la jungla hondureña. La calavera, cuyo valor se estima en 250.000 dólares, ha permanecido en manos privadas.
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a existido siempre la costumbre de enterrar cápsulas del tiempo conteniendo artículos de la vida contemporánea y de épocas anteriores, en ciertas ciudades de Ferias Mundiales, como Nueva York, Chicago y otras. Pero la mayor cápsula del tiempo no está enterrada; tiene cuarenta y cinco pisos de altura. Las Grandes Pirámides de Egipto, que pasan por ser las tumbas del faraón Kufu y de Kafra, de la IV dinastía, han sido, finalmente, reconocidas como compendios de los conocimientos antiguos, tales como la geografía, la astronomía y las ciencias.

Las leyendas egipcias han avalado que el propósito de las dos mayores pirámides no fue desempeñar la función de tumbas sino almacenar conocimientos (la pirámide de Kufu) y ocultar tesoros (la de Kafra). Durante la Edad Media, los dirigentes árabes de Egipto intentaron practicar minas en ambas pirámides. No tuvieron éxito, aunque eliminaron los bloques de suave arenisca que contenían jeroglíficos en la Gran Pirámide, y luego emplearon esos bloques, inviertiéndoles las caras (y por lo tanto, haciéndolos ilegibles) para construir la Mezquita de Ibn Tulún, en El Cairo.

Cuando Napoleón invadió Egipto, en 1798, y derrotó a los ejércitos egipcios, ordenó a sus topógrafos que emplearan la Gran Pirámide como base de una triangulación para levantar una cartografía militar. Ante la sorpresa de los topografos franceses, descubrieron que una continuación de las líneas diagonales que cruzan la base abarcarían con precisión el Delta del Nilo, y que la meridiana longitudinal pasaría a través del ápice de la pirámide y cortaría el delta en dos mitades iguales.

Los científicos franceses que siguieron a los topógrafos, descubrieron una serie de notables coincidencias. Por ejemplo, midieron la distancia total en torno de la base, y la dividieron por el doble de su altura (teniendo en cuenta su altura original, antes de que se quitaran algunas piedras del gran ápice) y calcularon 3,1416, el número pi exacto, y no la posterior aproximación griega de 3,1428.

Los científicos han calculado desde entonces que una línea recta hacia el Norte, desde la intersección de las líneas transversales de la base, erraría el Polo Norte sólo por poco más de 4 minutos, aunque desde la época en que se construyó la pirámide el mismo Polo Norte se ha desplazado la misma cantidad de tiempo de distancia. Averiguaron asimismo que una flecha en la Cámara real de la pirámide señalaba directamente a la estrella polar y luego a la constelación del Dragón, aunque ahora apunta a la Osa Mayor.

Cada lado de la pirámide da, en codos egipcios, el número de días del año como 365, sometido a un nuevo cálculo cada 1460 años. La altura original de la pirámide calculada en mil millones proporciona, aproximadamente, la distancia media de la Tierra al Sol

Dado que los franceses, antes de ir a Egipto, habían adoptado la medida del metro como una diezmilésima parte de un meridiano terrestre, no sabían que el metro era similar, aunque no de una manera exacta, a la longitud del codo de la pirámide, indicando una diezmillonésima parte del eje polar, con lo cual la antigua medición egipcia era, básicamente, más correcta, puesto que el meridiano varia según la superficie de la Tierra.

Tal vez el cálculo más sorprendente de todos, lo cual demuestra hasta dónde llegó la cultura de un pasado muy distante, sea el sugerido al sumar las líneas diagonales a la base de la pirámide, en pulgadas piramidales, lo cual proporciona una cifra de 25.826,6, que da la coincidencia que representa casi exactamente el número de años que el eje polar terrestre consume para alcanzar su posición original respecto del Sol mientras éste viaja a través del espacio: 25.827 años.

Éstas son sólo algunas de las coincidencias que sugieren que la pirámide de Kufu no es una tumba sino más bien una cápsula del tiempo, construida de piedra, que vuelve a contar los conocimientos antiguos perdidos durante millares de años, pero que aún son legibles a medida que el saber científico adelanta respecto de cosas que ya fueron antes conocidas en un alejado pasado.
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éja vu es un término francés que literalmente significa «ya visto». Se manifiesta en forma de un intenso sentimiento de familiaridad con una situación o un lugar no experimentados por la persona con anterioridad. Muchos expertos dicen que estos incidentes pueden ser causados por pequeños ataques cerebrales, pero algunos casos van más allá de la psicología, sugiriendo un fenómeno paranormal.

Un caso fascinante, referido por el parapsicólogo D. Scott Rogo, es un buen ejemplo de ello. En 1895, una mujer de llueva Jersey le escribió sobre un viaje que había hecho a lo largo de la autopista de peaje de Nueva Jersey. El paisaje le resultaba extrañamente familiar y la mujer se volvió al fin a su compañera de viaje y le dijo:

-Mira, nunca había estado aquí, pero creo que dos kilómetros más abajo, más o menos, hay una casa en la que había vivido.

«Al cabo de aproximadamente cinco kilómetros -refirió la mujer-, dije a mi amiga que después de la próxima curva llegaríamos a una pequeña población situada muy cerca de la autopista. Le dije que las casas eran blancas, de dos pisos, bastante apiñadas entre sí. Tenia la impresión de que había vivido allí cuando tenía unos seis años y de que solía sentarme con mi abuelita en el porche de la entrada. Los recuerdos me abrumaban y podía recordar que estaba sentada en el columpio del porche mientras mi abuela me abrochaba las botas.»

Cuando las mujeres llegaron al pueblo, reconoció inmediatamente la casa, aunque el columpio del porche ya no estaba allí. Recordó también que había caminado dos manzanas calle abajo hasta un drugstore, donde había un mostrador de mármol blanco, y pedido una limonada. Conduciendo por aquella calle, las mujeres encontraron la casa, cerrada y ruinosa, pero todavía allí.

Al salir las dos amigas del pueblo, la mujer tuvo otra experiencia de déja vu.

-A unas tres manzanas de aquí, hay una pequeña y ondulada colina y un cementerio en ella, y allí es donde me enterraron.

El cementerio estaba allí, pero la amiga de la mujer, presa ahora de pánico, se negó a detenerse y buscar la tumba.
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urante la excavación en el patio trasero para construir una piscina, Sam y Judy Haney desenterraron dos cadáveres. Pero aquello fue sólo el principio de sus problemas. No pasó mucho tiempo antes de que el televisor reluciera incluso estando apagado; salían chispas de relojes no conectados a la corriente, y los zapatos desaparecían y se encontraban más tarde encima de una de las tumbas del patio.

Se descubrió que la casa de los Haney, así como otras más fruto del desarrollo suburbano, se habían edificado encima de un cementerio del siglo XIX. Estas perturbaciones habían afectado también a otros inquilinos: las tazas se rompían mientras estaban de pie en los estantes, los electrodomésticos dejaban de funcionar sin una causa aparente y las luces y los grifos del agua se encendían y se abrían de una manera misteriosa. También comenzó a verse una aparición, conocida como Betty, y algunos residentes se asustaron y comenzaron a marcharse.

Alegando angustia mental y diabetes inducida por el estrés, los Haney pusieron un pleito de dos millones contra la inmobiliaria. El jurado recomendó llegar a un acuerdo por 142.000 dólares, pero el juez invalidó la decisión y no concedió nada a los Haney. No había existido negligencia por parte de la inmobiliaria, decretó el juez, pues no les había engañado de manera intencionada respecto de la presencia de las tumbas.

A continuación, los Haney se mudaron y no existe mención de que recurriesen la sentencia.
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xiste cierto número de legendarias ciudades perdidas en el fondo del océano Atlántico y de los mares Mediterráneo, Egeo y Caribe. Existe también cierto número que ciertamente quedaron sumergidas, aunque no perdidas, puesto que se conocen sus localizaciones. Por ejemplo, el antiguo centro costero romano de Baiae se encuentra no muy lejos de Nápoles y ha sido explorado y fotografiado intensivamente por submarinistas trabajando a una profundidad de 15 a 20 m. Síbaris, cuyo nombre se ha convertido en sinónimo de forma de vida lujosa o «sibarita», yace en el fondo marino del golfo de Tarento. Partes de Cartago, Leptis Magna, Tiro, Cesarea, Alejandría, y otras grandes ciudades, siguen aún bajo las aguas del Mediterráneo.

Esas ciudades se hundieron en el mar como resultado de la acción sísmica y se pueden localizar con facilidad a causa de que los cronistas antiguos nos han dicho dónde se encuentran. Sin embargo, algo inusual le sucedió a Heliké, una gran ciudad de la Grecia clásica, que, en 373 a. de C., desapareció de la superficie durante un terremoto y un maremoto, con todos sus edificios, calles, barcos y millares de habitantes. Ninguno escapó a la imponente ola que barrió no sólo los buques de Heliké, sino también de diez buques de guerra visitantes pertenecientes a la flota espartana, anclados en el puerto. Donde solía hallarse Heliké, se encuentran hoy sólo las aguas del golfo de Corinto.

Cuando las aguas están transparentes es posible ver las ruinas de la ciudad en el suelo marino. Durante centenares de años, Heliké ha permanecido en su localización debajo del mar, perfectamente visible a través de las cristalinas aguas. Los turistas romanos de una época posterior contrataban barqueros griegos para que les llevasen a fuerza de remo por encima de las bien conservadas ruinas. Los turistas empleaban con frecuencia buceadores para que les recogieran monedas y otros hallazgos de la ciudad sumergida. Los buceadores se zambullían hasta 15 o 20 metros a través del agua con una visibilidad por completo cristalina. Desde la superficie podía verse una estatua de Cace (Júpiter para los romanos), aún en pie en medio de las ruinas de su templo.

Sin embargo, hacia el final de la ocupación romana de Grecia, otro terremoto abrió el suelo marino bajo esta Pompeya sumergida y luego se cerró encima de ella. Heliké, en la actualidad perdida, pudo haber contenido tesoros de un valor mucho más considerable que las monedas de plata y oro que los submarinistas andaban buscando.

A menos que una nueva conmoción lleve de nuevo la ciudad a la superficie, Heliké yacerá donde está para siempre, a un tiempo perdida y no perdida a algunas millas náuticas al este de la actual ciudad de Aíyion, en la costa norte, y a una distancia desconocida debajo del suelo marino del golfo de Corinto.
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usyoka Mututa, de Kitui, Kenya, fue enterrado en septiembre de 1985. Su hermano Timothy dijo que habían tardado dos días en enterrarle..., por si acaso, aunque «no esperábamos otro milagro. Me había dicho que la cuarta vez sería definitiva».

Aunque no era más que un humilde pastor, Mututa era legendario en Kenya. Era conocido como «el hombre que burlaba la muerte».

Su primera «muerte» ocurrió cuando tenía tres años. Al ser bajado a la tumba, empezó a llorar y fue rápidamente sacado a la superficie.

Cuando tenía diecinueve años, desapareció. Seis días más tarde, los que le buscaban encontraron su cuerpo aparentemente exánime en un campo. Se celebraron las exequias y, al ser bajado el ataúd, los asistentes se sobresaltaron al ver que se levantaba la tapa. Mututa había «vuelto a la vida».

«Murió» de nuevo en mayo de 1985, después de una corta enfermedad. Un médico certificó su muerte. Su cuerpo yació inmóvil durante un día, al término del cual se levantó y pidió un vaso de agua.

Mututa afirmaba que, durante cada una de sus tres «muertes», su alma había abandonado el cuerpo y subido al cielo, donde los ángeles le habían explicado que era un «caso de identidad equivocada» y le habían devuelto a la Tierra.

Por lo visto, encontraron al verdadero hombre en el cuarto intento.
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019

   La dama de azul     Volver a Índice  

a historia de los milagros católicos está llena de informaciones históricas documentales que son de particular interés para los parapsicólogos. Sin embargo, pocas carreras espirituales pueden compararse, cuantitativamente, con la de la humilde Dama de Azul, Sor María Coronel de Agreda. Por su propia cuenta, sor María apareció en dos lugares al mismo tiempo unas quinientas veces entre los años de 1620 y 1631.

Nacida en España en 1602, de una familia religiosa de la clase media, sor María experimentó intensas visiones cuando era todavía una niña. En su adolescencia, caía fácilmente en trances de éxtasis. Siendo todavía muy joven, ingresó en el convento franciscano de la Inmaculada Concepción de Agreda.

Allí se impuso un régimen que incluía largos períodos de ayuno, noches sin dormir y flagelaciones infligidas por ella misma. Entre los milagros que se le atribuyen durante aquella época estaban la extraordinaria capacidad de responder a pensamientos no formulados de otros y de levitar sobre el suelo del convento.

Pero sor María es sobre todo famosa por su asombrosa facilidad de manifestarse en dos sitios diferentes al mismo tiempo. Se dice que sus fantásticas proyecciones la lanzaban a través del océano Atlántico y hasta las zonas desérticas del oeste de la Texas del siglo XVII, donde atendía a las necesidades físicas y espirituales de los casi desnudos pieles rojas.

De todas las tribus indias indígenas que habitaban en el Sudoeste antes de la llegada de los conquistadores, la menos conocida es la de los pobres jumanos, que vivieron a orillas del Río Grande, cerca de lo que es hoy Presidio, Texas. Al principio de la migración española desde México, fueron encontrados por el padre Alonso de Benavides, sacerdote franciscano. Para su gran sorpresa, descubrió que la mayoría de los jumanos, dedicados a la caza y al cultivo, habían sido ya convertidos al cristianismo. Y lo que es más, afirmaban que habían sido dirigidos a la reunión por una misteriosa «mujer de azul», la misma alma amable que les había dado rosarios, curado sus heridas y les había iniciado en el mensaje de Jesucristo.

Casi tan confuso como sorprendido, el padre Benavides escribió al papa Urbano VIII y al rey Felipe IV de España, preguntándoles quién le había precedido en su ministerio. No tuvo la respuesta hasta 1630, al regresar a España, cuando se enteró de los milagros de sor María, visitó personalmente su convento y vio que el hábito de su orden era azul.
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urante por lo menos cien años, desde 1550 a 1660, los hábiles artesanos de Friesland comerciaban con Groenlandia y Europa. Pero, a finales del siglo XVII, esta grande y bien poblada isla al sur de Groenlandia, desapareció de forma inexplicable de la mayoría de los mapas. Algunos afirman que su masa terrestre se hundió, y de ser así, tampoco nadie conoce el por qué. Otros especulan que fue eliminada de los mapas después de ser confundida con una isla cercana que sí se hundió, lo cual quiere decir que la isla de Friesland debe aún existir en alguna parte, si es que alguien consigue encontrarla.
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