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INDICE DE CONTENIDOS LETRA L

001   ¿Los primeros seres humanos?
002   La aeronave de 1897
003   La aeronave de Mr. Wilson, en 1897
004   La Armada perdida de Alejandro Magno
005   La batalla de fantasmas de Büderich
006   La batalla oída diez años más tardes
007   La Bestia de Exmoor
008   La bolsa psíquica
009   La bomba debajo de la cama 
010   La búsqueda del Sasquatch 
011   La buscadora de niños
012   La búsqueda de El Dorado
013   La calavera de cristal
014   La cápsula del tiempo más grande del mundo
015   La carretera del recuerdo
016   La casa de la colina encantada
017   La ciudad que se desvaneció dos veces
018   La cuarta muerte de Musyoka Mututa
019   La dama de azul
020   La desaparición de Friesland
021   La desaparición y reaparición de la misión española
022   La estrella de nueve lunas
023   La extraña muerte de unos cerdos
024   La extraña visita de Dadaji
025   La extraña visita de Mary Roff
026   La fatídica visión de Mark Twain
027   La fotografía Kirlian
028   La gente menuda
029   La huella de la mano en la celda 17
030   La huida del pulpo gigante
031   La imagen en el humo del Challenger
032   La Incendiaria
033   La joven de fiesta del cementerio de la resurrección
034   La leyenda del conde de Saint-Germain
035   La losa funeraria de Pacal
036   La madre de todos nosotros
037   La maldición de Dunnellen Hall
038   La maldición de la Carretera 55
039   La maldición de la tumba del Rey Tut
040   La maldición de Charles Haskell
041   La maldición del diamante Hope
042   La maldición psicosomática
043   La misteriosa plaga griega 
044   La moneda teletransportada 
045   La montaña Waldo
046   La mujer que fue resucitada por el hombre al que amaba
047   La naúfraga y la tortuga gigante
048   La peor pesadilla
049   La pesadilla de ser enterrado vivo
050   La pirámide en el fondo del mar
051   La precognición y las carreras
052   La premonición de Mark Twain
053   La psicofísica y el mercado de la plata
054   La reencarnación de la esposa de un pastor
055   La serpiente de mar hundida
056   La sorprendente arqueología de Bligh Bond
057   La treceava huella
058   La tumba con trampa explosiva
059   La venganza del cactu
060   La vida anterior de Shanti Devi
061   La visión de Cyrano de Bergerac
062   La visita a un huérfano de su madre
063   Lágrimas de alegría
064   Las águilas de la Atlántida
065   Las caras de Bélmez
066   Las columnas de cemento de Nueva Caledonia
067   Las desdichas de Black Gold
068

  Las extrañas luces de la Luna

069   Las extrañas lunas de Marte
070   Las facultades de Uri Geller
071   Las facultades psíquicas de Edgar Cayce
072   Las historias soñadas de Robert Louis Stevenson
073   Las innúmeras vidas del Dalai Lama
074   Las levitaciones de Peter Sugleris
075   Las luces de Min Min
076   Las luces del Palatine
077   Las manzanas de Roger Williams 
078   Las minas del Rey Salomón 
079   Las misteriosas momias soviéticas
080   Las paredes sangrantes
081   Las pistas de Nazca
082   Las profecías de la Madre Shipton
083   Las profecías en Fátima
084   Las rosas de la resurrección
085   Las serpientes de mar de Nueva Escocia
086   Lecturas de grupos sanguíneos
087   Lenguajes reencarnados
088   Lepenski Vir
089   Lincoln y Kennedy
090   Línea de partida de los alienígenas
091   Líneas de salvamento para los no del todo muertos
092   Lo que contenía la mano petrificada
093   Los ángeles de Mons
094   Los antiguos conocían la existencia de la Antártida
095   Los ataúdes que no querían estarse quietos
096   Los enanitos de Islandia
097   Los falsos (o verdaderos) OVNIs de Hudson Valley
098   Los fantasmas de la escalera
099   Los fantasmas de la torre de Londres
100   Los fantasmas del S.S. Watertown
101   Los fantasmas del vuelo 401
102   Los fatídicos sietes del capitán McLoed
103   Los hacedores de lluvia
104   Los hombres de negro
105   Los indios de ojos azules que hablaban galés
106   Los juegos de Gilbert Murray
107   Los misteriosos canales marcianos
108   Los monjes parlanchines de Glastonbury
109   Los muertos andantes
110   Los niños lobo de la India
111   Los niños verdes de Banjos 
112   Los pequeños túneles de antiguo México 
113   Los poderes sanadores del padre Pío
114   Los soldados espectrales de Loe Bar
115   Los sueños y premoniciones de Chris Sizemore
116   Los tesoros de cocos
117   Los zurdos Antanalas
118   Luces fantasmas
119   Luciérnagas
120   Luz roja sobre Ithaca

a Humanidad lleva vagando por la Tierra sólo durante uno o dos millones de años, según la aceptada teoría paleontológica. Pero si alguno de los fósiles descubiertos en Norteamérica resulta indicativo, los seres humanos -o algo muy parecido a lo humano- han estado presente desde hace varios cientos de millones de años.

En los años 1880 se realizó un asombroso descubrimiento en las Montañas Cumberland, en Jackson County, Kentucky. Mientras cruzaba Big Hill, un tren de carga procedía a abrirse paso por la arenisca del pico de la cumbre. Cuando se despejaron los cascotes, se descubrió una capa de rocas y, más tarde, se determinó que tenía más de 300 millones de años de antigüedad. Empotradas en la antigua roca, los excavadores encontraron varios rastros de animales, así como dos pisadas humanas, descritas como «de buen tamaño, con los dedos bien extendidos y muy bien marcadas».

Incluso antes, otra extraña serie de pisadas fue también desenterrada en la orilla occidental del río Mississippi, en St. Louis, en 1816. Las huellas tenían unos 26 cm de longitud y 10 cm de anchura en los dedos de los pies. Según Henry Schoolcraft, que las examinó, las huellas parecían haber sido hechas por alguien acostumbrado a caminar grandes distancias sin el empleo de calzado. Schoolcraft las describió como «sorprendentemente naturales, exhibiendo todas las impresiones musculares, así como el talón y los dedos, con una precisión y fidelidad tan naturales, que me he visto incapaz de copiarlas». Sin embargo, por seguro que estuviese de que las huellas de pisadas eran auténticas, Schoolcraft fue incapaz de explicar cómo habían conseguido aparecer en una capa de arenisca que se había endurecido hacía 270 millones de años.

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e presume que la conquista de los cielos por el hombre empezó un día de diciembre de 1903, cuando dos mecánicos de bicicletas, los hermanos Orville y Wilbur Wright, volaron unos cuantos metros en su frágil biplano, sobre las dunas de Kitty Hawk. Pero siete años antes de aquel breve pero importante vuelo, en noviembre de 1896, algo aparentemente hecho por el hombre fue visto en el cielo sobre San Francisco. En abril del año siguiente, en plena fiebre informativa, la Gran Aeronave de 1897 había sido vista en ambas costas y en todo el interior de la nación, desde Chicago hasta Texas.

Apenas hubo una comunidad que no la viese. Sin embargo, la ubicua aeronave de 1897 nunca ha sido satisfactoriamente explicada. Los historiadores de la aviación oficial la rechazan despectivamente. Pero las páginas de los periódicos de la época describieron la misteriosa aeronave en términos sorprendentemente parecidos a los de los subsiguientes OVNIs. Incluso los folcloristas y los sociólogos se ven en dificultades para explicar la insistencia de aquellos informes.

Típicamente, lo que se veía podía dividirse en dos categorías. Algunas personas lo describían solamente como luces nocturnas y rayos brillantes. Otros describían una magnifica máquina volante tripulada por extraños individuos. Con frecuencia se dijo que la nave se había posado en el campo, generalmente para sencillas reparaciones, antes de continuar su ruta.

Se especuló tanto sobre el origen de la aeronave que famosos inventores como Thomas Alva Edison convocaron conferencias de Prensa para negar que el invento fuese suyo. Otros inventores menos honorables reivindicaron la aeronave como propia, aunque nunca pudieron presentar un modelo que funcionase. En todo caso, las noticias sobre la aeronave decayeron espectacularmente en el año de 1897 y, al empezar el nuevo siglo, se habían virtualmente olvidado.

Sin embargo, los estudiosos de fenómenos anómalos continúan debatiendo actualmente el significado de la Gran Aeronave. Charles Fort, el más grande catalogador de cosas extrañas y desacostumbradas, sugirió que la máquina voladora fue simplemente una idea cuyo tiempo había llegado. Otros creen que la Gran Aeronave de 1897 espoleó de alguna manera los subsiguientes adelantos en la tecnología de la aviación. Los hermanos Wright pudieron no ser innovadores inocentes, arguyen aquellas lumbreras, sino más bien instrumentos involucrados de un impulso evolucionista inconsciente. Este impulso hacia fuera, sugieren incluso algunos, se refleja en la preeminencia de las noticias actuales sobre OVNIs.
 
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l más profundo misterio de la aviación americana es un episodio casi olvidado, pero todavía inexplicable, que empezó en noviembre de 1896 y terminó en mayo del año siguiente.

Desde California hasta Maine, miles de americanos dijeron haber visto grandes «aeronaves» pilotadas, diferentes de todo lo que podía volar en aquella época, varios años antes de que los hermanos Wright inventasen el aparato volador más pesado que el aire y cambiasen con ello la Historia. Aquellas «aeronaves» sorprendieron y dieron lugar a especulaciones sobre quiénes eran su inventor o inventores, pero, hasta hoy, nadie lo sabe. Lo único que tenemos son varias claves tentadoras, pero ninguna más intrigante que las concernientes a un hombre muy extraño llamado Mr. Wilson.

El 19 de abril de 1897, Mr. Wilson se dio a conocer. Un joven de Lake Charles, Louisiana, estaba conduciendo un tronco de caballos cuando vio una enorme aeronave pasando por encima de su cabeza y asustando tanto a los animales que se desbocaron y arrojaron al suelo al conductor. Entonces la aeronave se detuvo y quedó inmóvil a poca distancia -la capacidad de inmovilizarse en el aire era una de las inverosímiles facultades del misterioso avión- y una escalera de cuerda fue lanzada desde ella. Dos ocupantes de la aeronave bajaron por aquélla y ayudaron al testigo a levantarse. «Desde luego, me satisfizo descubrir que eran americanos corrientes, como yo mismo, refirió después el joven. Los aeronautas se disculparon por la molestia que le habían causado. En compensación, le invitaron a subir a la nave, presentándose como Scott Warren y «Mr. Wilson». Wilson dijo que era el propietario de la nave. Ya a bordo, Wilson y Warren le explicaron el sistema de propulsión del aparato, pero los datos eran tan técnicos que el joven no comprendió nada de lo que le decían.

Un día más tarde, cerca de Uvalde, Texas, una aeronave aterrizó y fue descubierta por el sheriff H. W. Bayler, que conversó con miembros de la tripulación. Uno de ellos se identificó como Wilson y dijo que era natural de Goshen, Nueva York. Entonces preguntó Wilson por el capitán C. C. Akers, un hombre de la localidad.

Más tarde, al ser preguntado acerca de Wilson, Akers dijo a un reportero: «Puedo decir que, cuando vivía en Fort Worth en el setenta y seis y el setenta y siete, conocí bastante bien a un hombre llamado Wilson, del Estado de Nueva York, y tuve buena amistad con él. Era experto en mecánica y trabajaba entonces en navegación aérea y en algo que decía que asombraría al mundo. Era un hombre muy bien educado, a la sazón de veinticuatro años, y parecía tener dinero para sufragar sus inventos, a los que dedicaba todo su tiempo. Dadas las conversaciones que sostuvimos en Forth Worth, creo que Mr. Wilson, después de construir una aeronave práctica, probablemente me buscaría para mostrarme que lo que había pretendido no era tan descabellado como había presumido yo entonces.»

La aeronave reapareció un día o dos más tarde, cuando aterrizó para ser reparada en Kountze, Texas. Unos testigos hablaron con los pilotos, que dijeron llamarse «Wilson y Jackson». El San Antonio Daily Express informó de que el día 25, entre la medianoche y la una de la mañana, «el cielo estaba muy nublado y no se veía ninguna estrella. Esto hizo que fuese más fuerte la extraña luz blanca de los faros de la aeronave y el resplandor que la fuerte iluminación proyectaba a su alrededor. Sin embargo, impedía ver claramente la propia estructura, aunque, al girar y acercarse más el extraño aparato, una docena o más de luces más pálidas, entre ellas un grupo de luces verdes en el lado de la nave que miraba a la ciudad, y otro grupo enorme de luces rojas en la popa, indicaban claramente su naturaleza artificial.

El periódico seguía diciendo, sin explicar cómo lo sabía, que los «inventores eran Hiram Wilson, natural de Nueva York e hijo de Willard B. Wilson, maquinista ayudante de "New York Central Railroad", y el ingeniero electricista C. J. Walsh, de San Francisco. Los hombres habían trabajado en su proyecto durante varios años y, cuando habían madurado sus planes, habían hecho construir las partes de la nave en diferentes lugares del país, desde donde fueron enviadas a San Francisco y montadas en la isla».

El Daily Express decía que, después de ser probada en California, la nave voló a Utah y fue escondida en algún lugar apartado del Oeste, donde fueron corregidos los defectos. Entonces reanudó su vuelo hacia el Este a través de los Estados Unidos.

Y no se volvió a saber más de Wilson y de su notable máquina.

¿Quién era él? Investigaciones practicadas en años recientes no han dado resultado. Y un estudio de la historia de las aeronaves desde 1897 nos da motivos para sospechar que Mr. Wilson era aún más misterioso de lo que sugieren sus primeras apariciones. Según el escritor Daniel Cohen, autor de The Great Airship Mystery, «hay muchas cosas desconcertantes y contradictorias en el episodio de Wilson. Todos los intentos de seguir el rumbo de la "aeronave de Wilson" sobre el sur de Texas durante la última o las dos últimas semanas de abril de 1897 han sido inútiles. Las aeronaves parecieron menudear en toda la región. Tenía que haber al menos dos o tal vez tres aeronaves diferentes, siguiendo rumbos erráticos, para explicar las muchas veces que fueron vistas o encontradas. Aparte del nombre Wilson, que aparece al menos en cinco relatos diferentes, los nombres de los otros tripulantes varían. Lo mismo que el número de tripulantes entre dos y ocho. Y aunque muchos informes consignan que el inventor dijo que pronto haría pública su aeronave, no lo hizo jamás..

Otro investigador, Jerome Clark, advirtió algo todavía más extraño: «Tenemos un simple hecho "imposible", que por sí solo es suficiente para despertar profundas dudas sobre el pretendido papel de Wilson -dijo Clark-. A saber, el capitán Akers dice que, veinte años antes de la aparición de Wilson en Uvalde, éste tenia veinticuatro años. En Lake Charles, en 1897, es descrito como "un hombre visiblemente joven". Incluso hoy, a pesar de nuestra mayor longevidad, un hombre de cuarenta y cinco años nunca es llamado joven, salvo en un sentido muy relativo; hace ochenta años, habría sido un hombre de edad madura».

Algunos investigadores han presumido que el episodio no fue lo que parecía ser. Las aeronaves y sus ocupantes de aspecto humano no eran inventores americanos que, inexplicablemente, nunca reclamaron la recompensa merecida por sus inventos, sino más bien producto de una inteligencia alienígena enigmática, que trataba de disfrazarse adoptando una actitud que la cultura americana del período podía aceptar.

Ésta es una explicación fantástica y no tenemos manera, casi un siglo más tarde, de saber si es cierta o no. Sólo podemos estar seguros de que el misterioso Mr. Wilson y las extrañas aeronaves relacionadas con su aparición- seguirán siendo un enigma.
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l año 234 a. de C., Alejandro Magno, tras haber extendido sus conquistas tan lejos como hasta la India occidental, ordenó al almirante Nearco que regresase al golfo Pérsico y transportase a las agotadas y diezmadas tropas griegas de regreso a Grecia. Sin embargo, parte de la armada naval jamás llegó a su patria. Algunos historiadores especulan acerca de que sus naves continuaron más allá de la India, hasta el océano Pacífico, y que en su momento arribarían a Tahití y Hawai. Existen algunas evidencias que avalan la idea de que los griegos realizaron todo el trayecto hasta la costa occidental de las Américas.

En la costa este de Norteamérica, los primeros hombres blancos en llegar a las costas de Maryland y Virginia descubrieron un río al que los nativos llamaban Potomac. De manera similar, la palabra griega para río, lo cual es ya de por sí bastante raro, es potamós.

Cuando los conquistadores españoles del siglo XVI invadieron el imperio azteca, por ejemplo, se enteraron que la palabra para los templos de las pirámides aztecas era teocalli, con el significado de «morada de los dioses». Estudios posteriores por parte de los historiadores, revelaron que teocalli es notablemente parecido a las dos voces griegas théos y kalías, que, empleadas juntas, también tienen el mismo significado que teocalli.

Y, en Hawai, cierto número de palabras, como aeto (águila), mele (canción) y nu-nu (inteligencia) están sorprendentemente cerca de las palabras griegas con el mismo significado: aetós, melodía y nous. Además, los cascos hawaianos para la guerra, aunque diseñados en madera y plumas, en vez de ser metálicos y con pelo de caballo, resultaban casi idénticos a los de sus colegas griegos.

La simple, pero intrigante explicación para el parecido del idioma griego y de los artefactos en culturas muy alejadas, se centra en torno de Alejandro, conquistador de la mayor parte del mundo antiguo. Tras haber aplastado al poderoso Imperio persa, las tropas terrestres de Alejandro siguieron hacia el este y el norte de la India, en lo que hoy son Estados de la CEI (ex URSS). Mientras tanto, su armada de 88 navíos, al mando del almirante Nearco, exploraron la costa de la India.

Si los griegos llegaron a abrirse camino hasta las tierras del Pacífico Sur y de las Américas, probablemente habrían parecido semidioses, y su idioma y arte serían lo bastante valiosos como para ser adoptados por las culturas nativas.
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l Gobierno de Westfalia reunió nada menos que 50 declaraciones de los testigos de una batalla de fantasmas que ocurrió el 22 de enero de 1854 en el pueblo de Büderich. Según los observadores, todo el Ejército -infantería, caballería y numerosos carros- marcharon en procesión a través del campo.

Los disparos de fusiles y el color de los uniformes podían distinguirse con claridad y el batallón, al dirigirse hacia el bosque de Schafhauser, dejó tras su estela dos casas en llamas y un rastro de espeso humo negro. Luego el Ejército desapareció en el bosque.

Al atardecer toda la escena se disipó, tan repentina e inexplicablemente como había surgido.
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