l pintor retratista
Joseph Aigner estaba a menudo desanimado y le aquejaban intenciones suicidas, todo ello a pesar de su admirable talento y éxito. Realizó su primer intento de suicidio a los dieciocho años, pero cuando se iba a colgar del par de una techumbre en la casa vienesa de su familia, fue visitado de una manera inesperada por un monje capuchino que, de alguna manera, le convenció de que la vida era valiosa vivirla. Sin embargo, cuatro años después de este suceso, Aigner trató una vez más de matarse, y de nuevo el mismo monje apareció misteriosamente de ningún sitio en particular para impedir el suicidio.
Durante los siguientes ocho años, Aigner se convirtió en un rebelde revolucionario que, al final, fue detenido y condenado a muerte. Sin embargo, antes de la ejecución fue indultado, a través de la intervención del mismo monje capuchino que, por dos veces, evitó el suicidio de
Aigner.
Empero, en 1886, el artista de sesenta y ocho años finalmente logró cumplir su deseo de matarse cuando se disparó una bala en la cabeza. La ceremonia fúnebre fue dirigida, lo cual es bastante raro, por un sacerdote que no era otro que el monje capuchino, cuyo nombre, Aigner, jamás llegó a conocer, pero que tuvo éxito en mantener a Aigner vivo durante 68 años.
no de los avistamientos mejor documentados de un monstruo marino ocurrió en Gloucester Harbor, Massachusetts, en agosto de 1817. Tantas personas llegaron a ser testigos de la gigantesca criatura marina, que se formó un comité especial por parte de la Sociedad Lineana de Nueva Inglaterra, a fin de preparar declaraciones juradas.
Un carpintero naval, Matthew Gaffney, por ejemplo, informó que se encontraba a bordo de un barco en la bahía, a eso de las cuatro y media del
14 de agosto, cuando la serpiente marina se alzó del agua a menos de nueve metros del navío. Su cabeza, afirmó, presentaba el tamaño de un barril de 15 litros, su cuerpo tenía la anchura de un barril, y juzgó que su longitud era de unos doce metros. La criatura parecía aproximarse al barco como si fuese a atacarlo, pero, de repente, se zambulló debajo del agua. Poco después reapareció a unos 30 metros de distancia, avanzando a un índice aproximado de 1,5 km cada dos o tres minutos.
och Ness no es el único lago escocés que se jacta de que alberga a un misterioso monstruo marino. En realidad, los avistamientos en
Loch Morar se retrotraen a 1887, aunque no fue hasta 1969 cuando el monstruo de Loch Morar fue bautizado como
Morag.
Duncan MacDonnell y William Simpson se encontraban en su crucero en el lago, la tarde del 19 de agosto de 1969. Tras un día de pesca, volvían a su casa cuando escucharon un chapoteo. Al levantar la vista vieron al monstruo Morag que se dirigía en línea recta hacia ellos. Al rozar el costado de la nave, pareció disminuir la marcha hasta casi detenerse, como si el haberse acercado al navío no fuese intencionado.
Informaron que Morag era muy grande, de ocho a diez metros de longitud, con una cabeza parecida a una serpiente y de unos 30 cm de anchura. Tenía una piel de textura áspera y de color marrón y en su lomo se alzaban tres gibas de unos 20 cm por encima de la línea del agua.
Durante varios minutos los dos hombres trataron de impedir que la criatura hiciese zozobrar la embarcación. Uno de los hombres cogió una escopeta y disparó contra la bestia que, entonces, lentamente, se hundió y dejó que los hombres se fuesen.
os criptozoólogos, que se dedican a buscar pruebas de la existencia de criaturas consideradas mitológicas, han dado por sentado que el monstruo del lago Ness, cariñosamente conocido como
Nessie, es un animal estrictamente marino. Pero, por lo menos en dos ocasiones, Nessie aparentemente dejó los confines del lago escocés para andar sobre tierra firme.
En el verano de 1933, George Spicer y su mujer, de Inverness, Escocia, disfrutaban de un tranquilo paseo en coche hacia el pequeño pueblo de Foyers. De pronto, notaron movimientos en los arbustos que bordean la carretera cerca del lago Ness.
Disminuyeron la marcha hasta detener por completo el coche y vieron a un inmenso animal de largo pescuezo salir de su refugio al borde de la carretera. Medía por lo menos dos metros de longitud y 1,25 de altura. Spicer lo describió como «un terrible elefante de un gris oscuro, de una textura repugnante que recuerda a la de un caracol». La bestia cruzó la carretera moviéndose pesadamente y desapareció entre los arbustos del otro lado, rumbo al lago, en su opinión.
Menos de seis meses después, el estudiante de Medicina Arthur Grant iba en su motocicleta por la carretera cerca de Lochend, iluminado por la luna, cuando también avistó una inmensa forma oscura en los arbustos al borde del camino. Grant estimó el tamaño entre 6 y 7 m de longitud. La criatura tenía cola y un pescuezo alargados, con aspecto de anguila y los ojos redondeados. Sus cuatro patas aletiformes no parecían en modo alguno hechas para andar. Era un animal voluminoso y torpe, por lo que a Grant se le ocurrió que podría atraparlo. Pero resultó más veloz de lo que había pensado.
De todos modos, Grant logró echar un buen vistazo al monstruo andante del lago y, al regresar a su casa, lo dibujó detalladamente. Según él se parecía a un plesiosaurio prehistórico o a una foca gigante.
esde el año 1700, ha habido unos doscientos informes de un gran animal acuático avistado en el
Lago Okanagan, en la Columbia Británica, Canadá. Conocida popularmente como
Ogopogo, la criatura fue observada en 1949, por ejemplo, a poca distancia y por
varias personas. Leslie Kerry estaba en su embarcación con una familia de vacaciones en Montreal, cuando localizaron una forma grande y serpentiforme, que ondulaba verticalmente, alternando entre la superficie y debajo de la misma. Parecía tener unos nueve metros de longitud, patas gruesas y una cola bifurcada. Mientras tanto, en la orilla, la esposa de Kerry se percató también de aquella forma y llamó a sus vecinos para que le echasen un vistazo. Observándolo con prismáticos, lo describieron como lisa y negra, con «ondulaciones o rizos». También creyeron que debía tratarse de dos criaturas, basándose en la distancia entre algunos de los rizos.
aspard Hauser pareció que había caído del cielo. Apareció en las calles de Nuremberg, Alemania, en 1828, casi incapaz de andar y de decir su nombre. Según una carta toscamente escrita que llevaba encima,
Gaspard tenia dieciséis años Pero la carta, dirigida al capitán del Sexto Regimiento de Caballería, estacionado en Nuremberg, daba pocos detalles sobre la vida del muchacho. Decía: «Si no quieres quedarte con él, mátale o cuélgale de una chimenea.»
El carcelero local se apiadó de Gaspard y le instaló en su propia residencia, enseñándole pacientemente a hablar. Lo único que podía recordar el chico era que se había criado en una habitación oscura y apenas más grande que un armario, y sido alimentado con pan y agua. Parecía desconocer los objetos más corrientes. Un observador advirtió que, cuando le ponían una vela delante, trataba de apagar la llama con los dedos. Pero su sentido de la vista era tan agudo que, según se dijo, podía leer en la oscuridad y ver estrellas durante el día.
Gaspard era también ambidextro y tenía una marcada aversión a la carne.
Debido a su lastimoso estado, toda Nuremberg adoptó a Gaspard, tratándole como a un hijo. Fue colocado bajo el cuidado personal de un tal profesor
Daumer y atrajo la atención de toda la sociedad alemana y europea.
Entonces, el 17 de octubre de 1829, Gaspard fue encontrado en la casa de Daumer, con la frente sangrando de una cuchillada propinada por un hombre que llevaba una máscara negra y había aparecido de pronto. En 1831, fue herido de nuevo en la frente, al dispararse accidentalmente una pistola. El 14 de diciembre de 1833,
Gaspard Hauser salió corriendo de un parque, mortalmente herido de otra cuchillada. Se registró el parque, pero no se encontró el arma. Más misterioso aún: sólo las huellas de pisadas de
Gaspard pudieron verse en la nieve recién caída. Murió tres días más tarde.
Von Feurbach, uno de sus biógrafos, dijo, acerca del enigma de Nuremberg:
«Gaspard Hauser mostró una falta tal de palabras y de ideas, una ignorancia tan absoluta de las cosas y fenómenos más corrientes de la Naturaleza, tal horror por todas las costumbres, convencionalismos y necesidades de la vida civilizada y, sobre todo, unas peculiaridades tan extraordinarias en su actitud social, mental y física, que uno podría sentirse inclinado a aceptar la alternativa de que era un ciudadano de otro planeta, transferido milagrosamente al nuestro».
n 1970, el antropólogo francés
Jean-Claude Armen descubrió a un niño salvaje que vivía entre un rebaño de gacelas en el Sáhara español. Aquel muchacho, de pelo negro, y aproximadamente diez años de edad, galopaba con saltos gigantescos con la mejor de las especies, y parecía perfectamente adaptado a su medio ambiente, viviendo entre las gacelas como si él fuera una de ellas. Aunque el chico no fue nunca capturado, Armen estaba convencido que no
podía ser un retrasado mental, creyendo que un niño retrasado no hubiera podido tener tanto éxito en la vida salvaje cuando era el
«Niño Gacela».
n mayo de 1979, un
«DC-10» de las American Airlines se estrelló cerca del aeropuerto
O'Hare, de Chicago, poco después de despegar para un vuelo a California. Entre las víctimas estaba la autora
Judy Wax, cuyo libro, Starting in the Middle, acababa de ser publicado.
El número del vuelo del fatídico avión era el 191. En la página 191 de su libro, Mrs. Wax había comentado su miedo a volar.
El número de mayo de 1979 de Chicago publicó una crítica de su libro y una fotografía de la autora. Los lectores que observaron
la página a trasluz pudieron ver, en el otro lado, un anuncio a toda página de un vuelo de un
«DC-10» de American Airlines a California.
l obispo
Joseph Lanyi despertó de un espantoso sueño en el que aparecía una carta de su antiguo alumno, el archiduque
Francisco Fernando de Austria. En el margen superior del papel de cartas había un pequeño dibujo del coche del archiduque. Un general se sentaba enfrente del príncipe y de su esposa, y un oficial se hallaba colocado al lado del chófer. La multitud abarrotaba las calles mientras dos jóvenes, llevando armas, se aproximaban al vehículo. Debajo de aquella ilustración tan perturbadoramente detallada, el texto de la carta ofrecía un augurio aún más fantasmal:
«Querido doctor Lanyi -comenzaba-: deseo informarle que mi mujer y yo hemos sido víctimas de un asesinato político.»
Y estaba firmada por «su archiduque Franz» y llevaba la fecha del 28 de junio, a las
3:15 de la tarde.
Según el reloj, cuando el obispo se despertó eran las 3:15 de la mañana y la fecha era la del 28 de junio de 1914. Tras escribir los detalles de los sueños, Lanyi contó más tarde el sueño a su madre y a otras personas.
A eso de las 3:30 de aquella tarde, el arzobispo Lanyi recibió un telegrama con la noticia del asesinato del archiduque Francisco Fernando en Sarajevo, la capital de Bosnia-Herzegovina, un suceso que desencadenó la Primera Guerra Mundial. El asesino sólo había sido uno y el oficial iba de pie en el estribo del coche, y no al lado del chófer, pero, por lo demás, los detalles del sueño del obispo habían sido de lo más exactos.
l símbolo médico que se parece a una R con una cruz debajo, y que aparece en algunas recetas de los doctores no es en absoluto una letra. Se trata de la forma abreviada del jeroglífico que significa
«ojo», específicamente el ojo de Horus, dios egipcio de la medicina y las curaciones. Adoptado por los médicos en tiempos antiguos como símbolo de su arte, su empleo ha sobrevivido a la civilización del Egipto de los faraones durante miles de años y hoy, cuando los médicos extienden sus recetas, tal vez no se percaten de ellos pero están rindiendo homenaje al dios de la medicina y de las curaciones.