a mañana del 8 de diciembre de 1847 fue clara y soleada en Forest Hill, Arkansas. Al finalizar el día, la gente comenzó a debatir la causa de los sucesos ocurridos.
A media tarde de aquel día de principios de invierno, unas abundantes nubes grises se habían acumulado de manera misteriosa, tapando el sol y oscureciendo el cielo. Las nubes parecían encontrarse iluminadas por un «resplandor rojo como compuesto por numerosas antorchas», según relato de uno de los testigos. De repente, se produjo una horrísona explosión. Las viviendas se estremecieron y comenzó a doblar la campana de la iglesia. Luego, un objeto con forma de tonel con un rastro de llamas salió despedido del cielo.
La espantosa bola se estrelló en el suelo cerca de Forest Hill,
originando una hendidura que medía más de 60 cm de diámetro y 2,5 m de profundidad. En el fondo del agujero, humeaba una gran roca. En realidad, estaba tan caliente que el agua vertida en el agujero, instantáneamente se condensaba en forma de vapor. Los investigadores se percataron asimismo de que el aire era acre a causa del olor a azufre.
Naturalmente, algunos expertos creyeron que aquella bola caída del cielo era un meteoro, aunque éstos no se sabe que vayan acompañados de una repentina formación nubosa. Según otros, un relámpago tormentoso produjo un rayo que alcanzó el suelo, fundiéndolo en un tipo de roca que se denomina fulgurita. Pero esta explicación no tiene en cuenta el proyectil que los testigos observaron caer del cielo.
n 1869, unos mineros hallaron en la mina de Fort Smith, Arkansas, el cadáver de un joven, lo que causó un gran alboroto en la
comunidad. Rápidamente, una multitud de gente acudió para averiguar de quién se trataba. Cuando los mineros hubieron sacado el cuerpo, que se hallaba perfectamente conservado, una anciana de pelo blanco, deslizándose entre la multitud, se arrojó sobre el cadáver del joven y, sollozando, lanzó un torrente de palabras cariñosas. Ella y el minero muerto se iban a casar al día siguiente de su desaparición, cuarenta años atrás.
radicionalmente, los zahoríes poseen. la habilidad de localizar agua subterránea, pero, en la actualidad, muchos de los practicantes también buscan objetos enterrados. Su instrumento no es otra cosa que una vara bifurcada. Aparte de lo que busquen los zahoríes, este arte probablemente se remonte a los tiempos prehistóricos, si las pinturas en las rocas argelinas constituyen una indicación. Los antiguos egipcios, así como los chinos primitivos, también parecen haberse interesado por este arte. Sin embargo, los relatos escritos sólo se remontan a la Edad Media.
Aunque se conoce poco acerca de cómo funciona, la especulación hace hincapié en dos categorías: física y psíquica. Según los zahoríes, alguna fuerza emana del agua subterránea y de los objetos enterrados que se transmite a la varilla del que practica. Creen que la fuerza puede ser un campo de energía, electromagnetismo o incluso radiación. Pero esto no explica cómo un péndulo oscilante suspendido encima de un mapa puede señalar la localización de un objeto físico enterrado.
El practicar de zahorí con mapas cae más bien en la línea de la
explicación psíquica. La teoría es que el zahorí armoniza su mente con la conciencia universal que facilita información la cual origina que, de manera involuntaria, los músculos del zahorí se contraigan. Esta reacción es la que hace vibrar el péndulo, indicando el lugar donde se encontrará el objeto. De hecho, algunos zahoríes alegan que no necesitan ningún instrumento; simplemente «saben» donde se halla el objeto.
En 1951, cuando la «General Motors (GM) Corporation» abrió una gran planta en el semiárido Port Elizabeth, la zona de Sudáfrica estaba sufriendo una grave sequía. La fábrica «GM», al igual que otras grandes instalaciones, necesita una fuente fiable de suministro de agua. Naturalmente, el agua discurre a gran profundidad debajo del suelo, incluso cuando la superficie se halla seca por completo, pero allí no existían manantiales de confianza. Los investigadores científicos que buscaban el agua subálvea no habían tenido éxito.
Dándolo todo por perdido, los desesperados funcionarios de la «GM» probaron recurrir al empleo de un zahorí, y al método nada ortodoxo de la brujería del agua para encontrar el líquido elemento, simplemente, percibiendo su localización debajo de la superficie. El superintendente de la fábrica llamó a
C. J. Bekker, un zahorí local, que también daba la circunstancia de estar empleado en la «GM», y que se mostró de acuerdo en prestar su ayuda.
Con los brazos doblados encima del pecho, Bekker recorrió las instalaciones de la planta de la «GM» durante media hora. Luego, de repente, se detuvo y comenzó a temblar de manera incontrolable. Los funcionarios de «GM» encontrarían agua dulce, les dijo Bekker, si cavaban exactamente donde él se hallaba de pie. El zahorí continuó su tarea y encontró dos zonas más.
Aunque marcaron los lugares para una futura referencia, los agentes de la empresa se mostraron escépticos. A fin de convencerse a sí mismo de que debían confiar en Bekker, le vendaron los ojos y le hicieron repetir de nuevo todo el proceso. Sin poder ver mientras caminaba, Bekker regresó a las mismas áreas que había indicado con anterioridad.
La compañía sólo tuvo que perforar en una de las localizaciones de Bekker para encontrar toda el agua que precisaba la enorme instalación.
xiste mucha especulación en torno al destino de
Martin Bormann, ayudante y confidente de Adolf
Hitler. Los informes lo sitúan junto a Hitler cuando el Führer y
Eva Braun se suicidaron en un búnquer en las afueras de Berlín el 30 de abril de 1945. Después de deshacerse de los cadáveres de acuerdo con las instrucciones del propio Hitler, Bormann se habría ido en un convoy de tanques junto con el resto del personal.
Después de aquella noche, Bormann pasó a ser oficialmente considerado como desaparecido y condenado a muerte en rebeldía por el tribunal de crímenes de guerra de Nuremberg.
Sin embargo, aún corren rumores. Según una teoría muy popular en la época, Bormann fue asesinado en Dinamarca cuando intentaba ponerse en contacto con el sucesor de Hitler, el almirante
Karl Doenitz. Otras versiones dicen que huyó a Italia por los Alpes, o a Sudamérica con un submarino. Incluso en 1973 se dijo que había sido visto en un hospital boliviano.
uces fantasmas que se manifiestan año tras año en el mismo sitio, difícilmente pueden considerarse fenómenos aislados. Al menos treinta y cinco de estos lugares son conocidos en los Estados Unidos y Canadá. Pero pocas luces fantasma pueden igualar en interés a las que se dice que se ciernen sobre
Mitchell Flat, cerca de la actual población de Marfa, en el oeste de Texas.
Las noticias sobre globos luminosos danzarines sobre el suelo del desierto se remonta al menos a los tiempos de los apaches mescaleros. Uno de los primeros colonos blancos de la zona,
Robert Ellison, los vio en 1883 y creyó que eran fogatas indias. Más recientemente,
James Dean, mientras filmaba Gigante, en Marfa, en los años cincuenta, mantuvo un telescopio sobre una valla de alambre espinoso, con la esperanza de descubrir aquellas luces.
Actualmente, cuando las condiciones son adecuadas, las luces pueden verse como resplandecientes judías saltarinas mexicanas desde un punto de observación de la autopista 90, a unos doce kilómetros al este de la población. Generalmente danzan a lo lejos, a medio camino entre la autopista y las montañas Chinati, pero en raras ocasiones se acercan lo bastante para ser bien observadas.
Charles Cude, director de una funeraria de San Antonio, estaba aparcado una noche en la orilla de la carretera cuando vio dos luces que
parecían las de un automóvil que circulase de Este a Oeste. Mientras pensaba Cude que allí no había otras carreteras, una de las luces se elevó súbitamente.
Pocos momentos después, otra luz pasó entre el coche de Cude y el contiguo, desapareciendo a través del suelo del desierto. Cude dijo que la luz parecía tener entre 45 y 60 centímetros de diámetro. Su superficie le recordó las fotografías de la Tierra tomadas desde el espacio exterior, un globo resplandeciente cubierto de nubes en espiral.
egún la leyenda, el castillo escocés de Cawdor fue el escenario del asesinato del rey
Duncan por parte de Macbeth, en 1040. Un relato inmortalizado por
William Shakespeare. Pero el castillo resulta interesante por otra razón distinta y más insólita: en su chimenea existe una talla que representa a un zorro fumando una pipa de tabaco y sosteniéndola exactamente como lo haría un fumador normal. La fecha grabada en la piedra es la de 1510. Pero el tabaco lo introdujo en Inglaterra
Sir Walter Raleigh, en 1585, setenta y cinco años después de que se grabase al zorro fumador.
l amanecer del 3 de octubre de 1955, el navío de setenta toneladas
Joyita zarpó del puerto de Apia, en Samoa occidental, rumbo a las islas Tokelau, 270 millas náuticas al norte. Fue encontrado 37 días después a 450 millas al oeste de Samoa aunque, misteriosamente, había desaparecido su capitán, la tripulación y los pasajeros. Las provisio