na serie de observaciones realizadas en la pequeña población de Levelland, del Mango de Sartén de Texas, en la noche del 2 de noviembre de 1957, constituye uno de los casos más interesantes en los anales de los OVNIs.
El primero en informar fue un «aterrorizado» trabajador agrícola llamado
Pedro Saucedo. Saucedo y un amigo viajaban por la carretera 116, cuando, a seis kilómetros al oeste de Levelland y a eso de las
10:30 de la noche, brilló un «relámpago» a un lado de aquélla.
-No le hicimos mucho caso -dijo más tarde Saucedo-, pero entonces se elevó en el campo y avanzó en nuestra dirección, adquiriendo velocidad. Cuando se acercó más, las luces de mi camíón se apagaron y el motor se paró. Salté y me tumbé en el suelo y aquella cosa pasó directamente por encima del camión con un fuerte ruido y levantando una ráfaga de viento. Sonó como un trueno y el camión se bamboleó con aquella ráfaga. Sentí mucho calor.
Lo que Saucedo llamó «aquella cosa» era un objeto en forma de torpedo y aproximadamente de setenta metros de largo. El policía
A. J. Fowler, que respondió a su llamada, pensó que Saucedo estaba borracho y no le prestó atención. Pero menos de una hora más tarde, «aquella cosa» volvió. Esta vez fue
Jim Wheeler quien dio la información. También él había estado en la carretera 116 cuando se encontró con que un OVNI de setenta metros de largo y forma de huevo le cerraba el camino.
Al acercarse Wheeler al objeto, se apagaron los faros y se paró el motor de su vehículo.
Antes del mediodía, otros cinco motoristas en las inmediaciones de Levelland informarían de una experiencia parecida: un gran objeto resplandeciente y en forma de huevo posado en la carretera o cerca de ella, y un fallo en el sistema eléctrico de sus vehículos, que volvieron a la normalidad al alejarse el OVNI.
Lo más sorprendente de las legendarias observaciones de Levelland es que el
«Project Blue Book» de la Air Force, después de un examen superficial, «resolvió» el asunto, ¡atribuyendo el fenómeno a rayos
globulares!.
proximadamente a las
20:30 horas del 12 de julio de 1977, Adrián de Olmos
Ordóñez, de cuarenta y dos años, estaba descansando en el balcón de su casa de Quebradillas, Puerto Rico, donde vio que algo se arrastraba por debajo de una valla de alambre espinoso de una casa de campo no muy lejana. A la luz del crepúsculo pudo ver Olmos que era una figura pequeña, aparentemente un niño.
Sin embargo, al observarle más atentamente, vio que no era en absoluto un niño normal. La criatura llevaba una vestidura verde y un casco metálico, del que salía una antena «con una luz o llama brillante en la punta.»
De Olmos pidió a su hija Irasema que le trajese un lápiz y papel para poder dibujar aquella figura mientras la observaba. Como explicó más tarde al ufólogo puertorriqueño
Sebastián Roziou Lamarche, «le dije que encendiese la luz del cuarto de estar, pero se equivocó y encendió la del balcón, y la criatura se espantó y huyó.»
«En el momento en que se apagó la luz del balcón, vi que la criatura retrocedía hacia la valla de alambre espinoso. Pasó por debajo y se detuvo -explicó-. Se llevó las manos a la parte de delante de su cinturón y, entonces, una cosa que tenía sobre la espalda, parecida a una mochila, se encendió y emitió un ruido semejante al de un taladro eléctrico. Y entonces se elevó en el aire y se dirigió hacia los árboles.»
En aquel momento, la hija del testigo, su esposa y dos hijos salieron de la casa y vieron las luces del aparato que llevaba en la espalda aquel ser que volaba en el aire.
Durante los diez minutos siguientes, observaron las luces que se movían de un árbol a otro, descendiendo a veces brevemente al nivel del suelo. Mientras tanto, se reunieron con ellos varios vecinos que vieron también el extraño espectáculo. En definitiva, un segundo grupo de luces, presumiblemente de un segundo humanoide, se unió al primero, tal vez, pensó De Olmos, para ayudar a su compañero, porque «el aparato de la espalda de la criatura no funcionaba como era
debido.»
Pronto se apagaron las luces, dejando solamente una serie de personas muy asustadas, que no perdieron tiempo en notificar el incidente a la
policía. Esta realizó una investigación a fondo y lo propio hizo el conocido ufólogo puertorriqueño
Roziuo Lamarche. En un informe sobre su investigación, publicado a la
Flying Saucer Review británica, Lamarche escribió: «En el curso de nuestras pesquisas, comprobamos que el señor Adrián es un hombre serio, respetado y muy trabajador, tenido en alta consideración por todos sus vecinos. Es un hombre de negocios, dedicado a la distribución de forrajes en toda la zona noroccidental de la isla. Nunca se había interesado en absoluto en el fenómeno OVNI, ni en temas parecidos. Pero nos dijo: "Ahora creo en estas cosas."»
urante la guerra civil de Estados Unidos, un pequeño número de nativos suizos fueron soldados en el Ejército de la Unión. Cuando fueron capturados por los soldados de la Confederación sudista, los soldados suizos de la Unión fueron transportados en tren a un campo de prisioneros de Salisbury, Carolina del Norte. Bajo la guardia de un chico de diecisiete años, llamado
Beverley Tucker, los prisioneros planearon la huida, hablando en su idioma nativo para evitar que los detectaran.
Cuando el tren se detuvo en una estación, camino de Salisbury, los prisioneros echaron a correr. Pero, ante su sorpresa, un regimiento confederado los rodeó, con las bayonetas caladas. Por desgracia para los suizos, Tucker hablaba su lengua, por haber ido a la escuela en la misma región de Suiza donde los prisioneros habían nacido y se habían educado.
e 1790 a 1801,
John Lansing fue juez del Tribunal Supremo del Estado de Nueva York, y nombrado presidente del mismo en 1798. Veterano de la Revolución
Americana, había ocupado una plaza de legislador y también fue alcalde de Albany, así como magistrado del Estado. En 1894, Lansing se jubiló y se mantuvo ocupado con tareas de consultor comercial en el
Columbia College, de Nueva York.
El 12 de diciembre de 1829, Lansing se encontraba hospedado en un hotel de Manhattan, tras una reunión con funcionarios del
Columbia College. Aquella noche, después de escribir unas cartas, salió a echarlas al correo. Aquel hombre de Estado de setenta y cinco años no fue visto de nuevo ni se oyó nada acerca de él, a pesar de una búsqueda intensiva.
n pequeño lago ha anidado en las Dolomitas italianas durante centenares de años. Sin embargo, en julio de 1980, aquel calmado
y pacífico cuerpo de agua se desvaneció en el aire poco denso, sin dejar atrás más que barro y unos cuantos peces. En un momento dado, la gente había estado pescando y bañándose en el lago. Y al momento siguiente, una gran espiral de agua se alzó en el centro del lago y continuó elevándose hasta que el lago hubo desaparecido por completo. Los ingenieros hidráulicos y los geólogos no han sido capaces de explicar este fenómeno.
anto si la habilidad de los animales para encontrar su casa procede de un sentido superior de orientación como si se debe a un sexto sentido desconocido por la ciencia, esta capacidad en los perros ha sorprendido continuamente a sus mejores amigos.
Al menos en tres casos comprobados, los perros han viajado miles de kilómetros, y en muchas ocasiones han encontrado su camino en distancias más cortas.
El perro de
Doug Simpson, Nick, por ejemplo, desapareció durante un viaje que realizaron juntos, haciendo camping, en la zona meridional de Arizona, en noviembre de 1979. Simpson pasó dos semanas buscando frenéticamente al perro pastor alemán, pero no lo encontró y volvió a su casa, en Pennsylvania. Cuatro meses más tarde, con heridas todavía sangrantes y desgarrones en la piel, Nick se presentó en la casa de los padres de Simpson, en Selah, Washington. Por lo visto, el perro había cruzado el desierto de Arizona, el Gran Cañón, las traidoras Montañas Rocosas, ríos helados, montes cubiertos de nieve e innumerables carreteras. Cuando llegó al paseo donde estaba aparcado el viejo coche de Simpson, se derrumbó, agotado. La madre de Simpson encontró al perro, que recibió su premio cuando vino su dueño para llevárselo a casa.
Un año más tarde, Jessie, otro perro pastor, vivía en su nueva casa en Aspen, Colorado, donde se encontró cuando su amo,
Dexter Gardiner, se trasladó allí desde East Greenwich, Rhode Island. El resto de la familia Gardiner se había quedado allí, lo mismo que el perro de la casa contigua. Jessie, sintiéndose por lo visto abandonado, salió de Aspen y se presentó en la casa de los Gardiner seis meses más tarde, para encontrarse con que sus seres queridos se habían ido de veraneo. Después de una breve estancia en la perrera, fue adoptado por
Mrs. Linda Babcock, pero de nuevo marchó hacia su antiguo hogar, que esta vez no estaba tan lejos. Ahora encontró allí a los Gardiner, que le recibieron de buen grado, aunque sorprendidos por su súbita aparición. Una investigación sobre el largo viaje de Jessie, condujo en definitiva a los Gardiner hasta Mrs. Babcock, quien, después de amistosas negociaciones, acabó quedándose con el perro.
Pero el viaje más largo que se conoce para volver a casa fue realizado, en 1923, por
Bobbie, un collie que pertenecía a una familia en Walcott, Indiana. Pero seis meses más tarde, volvió a casa, habiendo recorrido una distancia de más de 3.500 kilómetros. Los detalles del viaje del perro fueron más tarde dados por las familias que habían cuidado de él en el camino, que había discurrido a través de Illinois, Iowa, Nebraska, Colorado, Wyoming e Idaho. Bobbie había cruzado las Montañas Rocosas en pleno invierno.
eorge y
Hart Northey fueron excepcionalmente íntimos durante su infancia y nunca estuvieron separados durante un tiempo demasiado prolongado. Pero cuando George, el mayor de los dos hermanos, se alistó en la Marina, Hart se quedó en su hogar de St. Eglos, Cornualles, Inglaterra, donde se dedicó al negocio familiar.
Una noche, en febrero de 1840, mientras el barco se hallaba anclado en el puerto de St. Helena, George tuvo un sueño extraño y perturbador. En él, de forma vívida se vio a sí mismo al lado de su hermano, trabajando en el mercado de Trebodwina, una ciudad no muy lejos de St. Eglos. Cada detalle, cada acción, fue tan precisa y clara, que George creyó que había viajado kilómetros y kilómetros y que se encontraba en realidad junto a su hermano. Sin embargo, no pudo comunicarse con Hart en el sueño; sólo acompañarle y observarle.
El sueño de George comenzó con Hart viajando de vuelta a casa con los pedidos del día. Cuando se acercaba al pueblo de Polkerrow, se le aproximaron dos hombres, conocidos por George como notorios cazadores furtivos. Mientras el impotente George alzaba la vista, los dos malhechores robaron a Hart a punta de pistola y luego dispararon mortalmente contra él. Soltando el caballo de Hart, arrastraron el cadáver hasta una cercana corriente de agua. Luego los asesinos eliminaron todas las manchas de sangre en la carretera y ocultaron la pistola en el techo de paja de una choza vacía. Al amanecer, George quedó tan atemorizado que, al día siguiente, al emprender el viaje de regreso a casa desde St. Helena, le atormentaba el que su sueño hubiese sido algo más que una fantasía nocturna.
Mientras tanto, en St. Eglos, la gente del pueblo se hallaba conmocionada por el asesinato de Hart Northey, cuyo cadáver fue descubierto en el riachuelo hasta donde le arrastraron desde la carretera. Dos hermanos llamados
Hightwood eran los principales sospechosos. Aunque en un registro en su casa se descubrió ropa con
manchas de sangre, las autoridades fueron incapaces de localizar el arma que había matado a Hart. Incluso así, el sentir público era tan fuerte en contra de los Hightwood, que los dos hombres fueron juzgados y condenados a muerte.
George llegó a St. Eglos poco antes de la prevista ejecución de los Hightwood. Tras enterarse de que sus miedos habían sido fundados, el hermano superviviente estaba deseoso de vengar la muerte de Hart. Acudió a la
policía y les contó dónde encontrarían el arma asesina. Los desconcertados policías hallaron la pistola exactamente donde George explicó que estaría. Al preguntarle cómo conocía su paradero, George replicó:
a gran Muralla de China, construida hace dos mil años, es el objeto individual más grande de la Tierra y es también la única obra hecha por el hombre visible desde el espacio, tal y como señalaron los primeros astronautas.
Con más de 3.500 km de longitud, la Muralla representó un enorme coste en vidas humanas. Pero el malgastar vidas no fue algo que preocupase demasiado al emperador
Qin Shi-Huang-Di, cuyo propósito consistía en fortalecer las fronteras del Norte de China. Por orden del emperador, esclavos, prisioneros, campesinos, soldados y, como gesto del desprecio del emperador hacia cualquier conocimiento que pudiera estar en su contra, un gran número de eruditos e historiadores, trabajaron y murieron construyendo la Muralla. A medida que aumentaba el peaje de muertes, se fue pasando una pavorosa profecía a lo largo de la Muralla: 10.000 personas serían enterradas en la Muralla antes de que se acabara.
Cuando el emperador se enteró de aquella profecía, dijo:
-Haremos cumplir al pie de la letra la profecía.
Y añadió que todo el mundo debía dejar de preocuparse y ponerse a trabajar lo más duro posible.
Encontró a un hombre llamado Wan cuyo nombre significaba «diez mil» y lo hizo enterrar dentro de la «Muralla de las diez mil
millas», o como se llama en chino, Wan-li Chang-Ching. De este modo, la denominación de la Muralla aún contiene el nombre de Wan, así como el esqueleto de Wan junto con los estimados diez veces diez mil otros esqueletos.
arece que los mamuts desaparecieron de la faz de la Tierra hace unos diez mil años, víctimas del cambio de clima ocasionado por la última Edad del Hielo y por las crecientes bandas de cazadores aborígenes que los mataban por su carne, sus colmillos y su piel. Desde comienzos de este siglo, literalmente cientos de sus restos congelados han sido encontrados en las frías tundras de Alaska, Canadá y la Siberia soviética.
Al menos uno de estos hallazgos, en la ribera del río Beresovka, Siberia, amenaza con desmentir la teoría convencional de cómo se extinguieron los mamuts. En posición medio de rodillas y medio de pie, el mamut de Beresovka se hallaba en un estado de conservación casi total. Tan bien congelada estaba su carne que los científicos investigadores se dieron en realidad un banquete con las ijadas del animal. Sin embargo, el hecho más sorprendente fue que se descubrieron ranúnculos en su boca.
Una congelación lenta habría producido cristales de hielo y, en consecuencia, la putrefacción de la carne al deshelarse. Pero el mamut de Beresovka estaba lo bastante conservado para ser comestible sin efectos perniciosos. La temperatura necesaria para conseguir una congelación tan instantánea se calculó en 150 grados Fahrenheit bajo cero, nunca alcanzados en el frigorífico natural del próximo Ártico.
¿Qué pudo producir un tan catastrófico descenso de la temperatura del aire circundante? A falta de un invierno nuclear producido por bombas atómicas, debemos buscar una explicación alternativa. Los incendios forestales y las erupciones volcánicas lanzan también
a la atmósfera grandes cantidades de calor y de escombros que nublan el cielo, según han demostrado recientes estudios.
Una teoría sugiere que un terrible terremoto, el más fuerte que se haya producido jamás en la Tierra, desgarró el mundo hace diez mil años.
Al producirse a lo largo de la unión de dos placas tectónicas, el temblor ocasionó una enorme expulsión de lava y de gases volcánicos. Estos gases se elevaron a gran altura en la atmósfera y se movieron hacia los polos. Supercongelados, volvieron a caer hacia tierra, perdiendo incluso más calor ambiental en su rápido descenso. Por último pasaron a través del aire más caliente inferior, congelando instantáneamente al mamut de Beresovka y a otros de su clase mientras estaban comiendo flores.
uando el
The Times de Londres patrocinó una competición de barcos alrededor del mundo, programada para comenzar el 31 de octubre de 1968,
Donald Crowhurst pensó que la publicidad, por no mencionar el premio en metálico, sería lo ideal para proporcionar a su negocio en baja una buena inyección. Por lo tanto, el empresario de electrónica marina entró en la carrera con su recién construido
Teignmouth Electron. Sin embargo, al cabo de dos semanas de viaje, decidió rezagarse en el Atlántico Sur y falsificar sus libros de a bordo. Después, cuando resultó aparente que sólo el
Teignmouth Electron y otro navío seguían en la competición, Crowhurst decidió que su única alternativa era dejar que ganase el otro
barco. Pero el 21 de mayo de 1969, su único rival se hundió cerca de las Azores.
Destrozado ante el hecho de que la fama que rodearía su victoria revelaría su fraude, Crowhurst pareció volverse loco, como se evidencia por las cada vez más incoherentes e irregulares entradas en el Diario de a bordo y en los mensajes por radio, que cesaron el 30 de junio. Cuando se encontró al
Teignmouth Electron a la deriva, el 11 de julio, Crowhurst no se encontraba a bordo. Una teoría sugiere que se arrojó al agua para no tener que enfrentarse a su «pecado de ocultación» como llamaba a su Diario de a bordo.