na de las coincidencias más raras jamás registrada se desarrolló durante un período de casi un centenar de años e implica a tres barcos que se hundieron frente a las costas de Gales, en el estrecho de Menai. El primer navío se hundió el 5 de diciembre de 1664, y de sus 81 pasajeros sólo sobrevivió un tal
Hugh Williams. El 5 de diciembre de 1785, 121 años después, otra nave se hundió en el estrecho de Menai y, una vez más, perecieron todos sus pasajeros menos uno..., llamado
Hugh Williams.
Dos buques que se hunden en la misma zona y el mismo día del mes, ciertamente no es algo cuya noticia produzca auténtico terremoto. Cuando cada uno de ellos tiene un solo superviviente y ambos se llaman
Hugh Williams, la cosa ya es un poco fantasmagórica. Pero la historia no termina aquí.
El 5 de diciembre de 1860, otro navío, un barco pequeño esta vez de sólo 25 pasajeros, se hundió en el estrecho de Menai. Y una vez más hubo un solo superviviente..., y de nuevo su nombre era el de
Hugh Williams.
arren Felty y
William Miller, de Harrisburg, Pennsylvania, se reunieron en la Fiesta de los Veteranos de 1986, para celebrar una serie de raros acontecimientos que se habían producido hacía más de cuatro décadas.
Una noche de febrero de 1940, Felty se dirigía en coche a su casa de Middletown, Pennsylvania, cuando vio que las luces posteriores de un automóvil que le precedía empezaban a oscilar. El coche patinó y fue a estrellarse contra un terraplén cerca de Camp Hill.
Felty detuvo su automóvil y corrió hacia el lugar del accidente. Cuando llegó allí, vio que el conductor había sido lanzado a través del parabrisas a un montón de nieve de metro y medio de altura y estaba ahora inconsciente y cubierto de sangre. Le levantó, le trasladó a su propio coche y le llevó al hospital de Harrisburg.
Cuatro días más tarde, la víctima del accidente, William Miller, recobró el conocimiento. Después se enteró del nombre del hombre que le había salvado. Cuando hubo salido del hospital, su camino se cruzó varias veces con el de Felty, pero los dos hombres no llegaron realmente a hacerse amigos.
No podían saber, cuando América entró en la Segunda Guerra Mundial, que ambos habían ingresado en la
«Army Air Force» y llegado a ser pilotos de «B-17». Tampoco supo cada uno de ellos que el otro había sido derribado sobre Alemania y conducido con otros cuatro mil prisioneros hacia Nuremberg, delante del Ejército ruso que avanzaba.
Los prisioneros estaban debilitados por el hambre y mal vestidos para marchar en el crudo invierno de 1944, el más frío que había experimentado Alemania en ocho años. Muchos de ellos no terminaron el viaje, cayendo al suelo para morir congelados en la nieve.
Warren Felty, que seguía marchando, vio un cuerpo en la nieve junto al camino. Con la esperanza de reanimar al compañero caído, le dio un golpe con el pie y según recordaría Felty años más tarde, «era Bill Miller. Increíble».
Miller, que estaba casi inconsciente, tuvo que ser arrastrado y sostenido durante todo el camino hasta el lugar de destino. Felty, Miller y los otros prisioneros llegaron al fin a un campo de concentración de Moosburg, donde fueron liberados por el Tercer Ejército de
Patton el 29 de abril de 1945.
Los dos hombres recuerdan todavía cómo, en dos ocasiones, en un período de cinco años y en lugares situados a seis mil kilómetros de distancia, cada uno había salvado al otro levantándole de un montón de nieve.