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INDICE DE CONTENIDOS LETRA C

001   ¿Calzado de hace 280 millones de años?
002   ¿Control metapsíquico del tiempo?
003   ¿Cuánto tiempo sobrevivieron los dinosaurios?
004   Cabras que se desmayan
005   Caimanes caídos del cielo
006   Caníbales antiguos y modernos
007   Capturado por un fantasma
008   Cazando ladrones con percepción extrasensorial
009   Cerebros que dejan perpleja a la medicina 
010   Champ: El monstruo que vive en el lago Champlain 
011   Cinco ardientes días de enero
012   Cirugía canalizada
013   Ciudades sin nombre
014   Cocodrilos en los desagües
015   Cohetes fantasmas escandinavos
016   Coincidencia accidental
017   Coincidencia caníbal
018   Coincidencia en coches
019   Combustión en Navidad
020   Combustión humana espontánea
021   Combustión humana espontánea dentro de coches aparcados
022   Comida para caballos españoles
023   Continentes perdidos bajo dos océanos
024   Control metapsíquico de la mente
025   Convulsiones y cataclismos
026   Correspondencias cruzadas
027   Corriente psíquica
028   Crímenes de visión psíquica
029   Crucigrama de alto secreto
030   Cuando las galaxias chocan
031   Cuidado con el día 21
032   Cultivo psíquico de plantas
033   Cura a base de rayos
034   Curiosa reunión de compatriotas

os de los casos más fuera de lo corriente de combustión humana espontánea ocurrieron mientras las víctimas se hallaban sentadas en el interior de sus automóviles. El primero sucedió en diciembre de 1959, y fue inicialmente calificado de suicidio. En efecto, un deprimido obrero de la industria de la automoción, en Pontiac, Michigan, Billy Peterson, había doblado el tubo de escape de su coche para que llegase al asiento del conductor, y la causa oficial de la muerte se atribuyó al anhídrido carbónico venenoso. Pero los médicos fueron incapaces de explicar las quemaduras de tercer grado que presentaba el cadáver en la espalda, las piernas y los brazos, especialmente dado que sus prendas -e incluso su ropa interior- eran incombustibles. Aún resultó más intrigante el hecho de que sus cabellos y otras zonas quemadas del cuerpo no estuviesen ni siquiera chamuscadas.

En octubre de 1964, la anciana de setenta y cinco años Olga Worth Stephens, de Dallas, Texas, estaba sentada en su coche aparcado cuando, según testigos presenciales, de repente quedó envuelta en llamas. Para cuando llegaron al lugar de los hechos los rescatadores, Stephens había ardido más allá incluso de poder reconocerla, aunque ninguno más de los que se hallaban en el coche resultó afectado. Los investigadores encargados del caso no pudieron explicar en absoluto aquel incendio mortal.
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uando los conquistadores españoles llegaron por primera vez al Perú, centro del gran imperio de los incas, los indios peruanos creyeron que los caballos de guerra españoles eran monstruos feroces y mortíferos, muy diferentes de sus propias y mansas llamas, especialmente cuando los caballos piafaban, resoplaban y sacudían la cabeza.

Los peruanos preguntaban nerviosamente a los caballeros españoles, a través de un intérprete: «¿Qué comen esos fieros animales?. Los españoles sabían lo que tenían que responder. Señalando las joyas y los ornamentos de oro de los peruanos, decían: «Comen esas cosas de metal amarillo. Ahora están hambrientos, pero no quieren ser vistos comiendo. Dejad la comida delante de ellos y marchaos.» Llegados a este punto, los indios entregaban un montón de objetos de oro; los españoles se los embolsaban y después, llamando de nuevo a los indios, decían: «Estos fieros animales todavía tienen hambre. Traed más comida..»
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a Atlántida no es la única tierra antigua que se dice que se que se hundió en el mar. Tanto los eruditos como los fabulistas hablan de otros dos continentes sumergidos: las tierras legendarias de Lemuria y Mu.

El nombre de Lemuria procede de la antigua familia de los lémures y fue creado por el zoólogo inglés del siglo XIX P. L. Sclater en vista de la similitud de los lémures fósiles encontrados en la punta sur de la India y en la provincia de Natal de África del Sur. Sclater presumió la existencia de Lemuria, un continente sumergido que atravesaba antiguamente el océano Indico y unía el sur de África con el sur de Asia.

La idea de un puente tropical que uniese antaño las masas de tierra existentes captó la fantasía y consiguió el apoyo de una autoridad evolucionista tan destacada como Thomas Huxley. En Alemania, el biólogo Ernst Haeckel llegó a decir que la antigua Lemuria podía haber sido el perdido Jardín del Edén, cuna de la raza humana.

La tierra perdida de Mu ha sido también buscada desde hace tiempo por los estudiosos de cosas no explicadas. Apareció primero en una serie de libros de James Churchward, coronel británico retirado que había servido en los Lanceros de Bengala, en la India. Mientras trabajaba en una campaña contra el hambre, dijo Churchward, conoció a un rishi, o sumo sacerdote indio, que tenía en su poder una biblioteca de tablillas de piedra escritas en naacal, la lengua nativa de Mu.

Según la teoría de Churchward, fundada en las tablillas naacal y en las tradiciones orales de las islas del Pacífico y de partes de América Central y del Sur, los primeros seres humanos tuvieron su origen en Mu, hace unos 200 millones de años. Su ciencia, incluida la capacidad de manipular la gravedad, había avanzado mucho más que la actual. Pero, hace aproximadamente doce mil años, se produjo la tragedia en forma de una explosión catastrófica de gas. A consecuencia de ella, el continente de Mu se sumergió en el océano Pacifico. Lo único que quedó de una masa de tierra de ocho mil kilómetros de longitud por cinco mil de anchura fueron unas pocas islas desparramadas que sobrevivieron sobre las aguas. Los grandes e inexplicables restos encontrados en varias islas del Pacifico y las grandes estatuas de cabezas en la Isla de Pascua no pudieron ser construidos por la fuerza humana disponible en unas islas de población limitada como las actuales. También hay que observar que los hawaianos indígenas todavía llaman Mu al continente perdido.

De los pobladores del antiguo Mu, se presume que murieron 64 millones en la explosión cósmica. Los que sobrevivieron colonizaron en definitiva los otros continentes. Churchward murió en 1936 a la edad de ochenta y seis años, después de haber escrito cinco libros sobre el tema de Mu. Otras referencias escritas sobre Mu se presume que existen todavía en ciertos monasterios de las altas montañas de Asia Central.
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l señor Wolf Messing, que murió en 1974, fue indudablemente el mago más célebre de la Unión Soviética. Era sobre todo famoso por sus actuaciones en el escenario, durante las cuales cumplía las órdenes telepáticas sugeridas por miembros del público. Sin embargo, sus íntimos amigos tenían cosas más espectaculares que contar, incluidos relatos de su poder de controlar la mente de otra persona, incluso a kilómetros de distancia.

Uno de estos casos ha sido referido por el doctor Alexander Lungin, cuya madre fue secretaria oficiosa de Messing durante varios años. El incidente tuvo lugar cuando Lungin estaba en la Facultad de Medicina de Moscú. Su profesor de anatomía, un tal Gravilov, le había tomado una profunda antipatía y continuamente advertía al joven que pensaba suspenderle, con independencia del trabajo que hiciese. Y llegó el día en que Lungin tenía que someterse a su examen final. Cada estudiante tenía que hacer un examen oral, acercándose a una mesa en la que se hallaban sentados varios profesores. Entonces, uno de éstos hacía las preguntas.

Antes de la prueba, Gravilov dijo en tono alegre a Lungin que le examinaría él personalmente. Aterrorizado por la noticia, Lungin comunicó sus temores a su madre, la cual telefoneó a Messing y le pidió que interviniese. El mago, que vivía a millas de la Facultad, la llamó más tarde y le dijo claramente que lo haría.

Cuando llegó al fin el momento, Lungin se acercó ala mesa para el examen oral y Gravilov no dijo una palabra. No hizo más que mirar, mientras Lungin era examinado por otro profesor. El vengativo maestro observó incluso cómo firmaba el otro profesor el libro de notas de Lungin acreditando que había aprobado el examen.

Inútil decir que el estudiante quedó encantado con este acontecimiento, pero lo que ocurrió después fue aún más chocante.

Lungin salió del aula y fue a hablar con otros estudiantes. El profesor Gravilov salió con paso airado unos minutos más tarde y preguntó si todos se habían examinado. Cuando los estudiantes le respondieron afirmativamente, Gravilov miró echando chispas por los ojos al alumno a quien aborrecía.

«Lungin no se ha examinado aún», gruñó.

Y cuando los estudiantes le explicaron que se había examinado y aprobado, Gravilov se puso furioso. «¿Cómo aprobó? -preguntó severamente-. No puede ser. ¿Quién le ha examinado?»

Cuando el profesor comprobó las notas, se puso lívido y se marchó. Alexander Lungin le había burlado de algún modo..., probablemente con la ayuda de su famoso amigo Wolf.
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os geólogos serán los primeros en admitir que el planeta Tierra parece destinado a una catástrofe apocalíptica de naturaleza global. La propia corteza está bajo una enorme tensión al chocar entre sí placas tectónicas de dimensiones continentales, en una peligrosa danza inmemorial acompañada de tambores y antorchas, los asoladores terremotos y los fuegos volcánicos alrededor del engañoso océano «Pacífico».

En 1883, el mundo registró la explosión más fuerte en aquella zona, cuando el Krakatoa entró en erupción, vaporizándose literalmente y enviando olas gigantescas a todo el mundo. Tal cantidad de ceniza y de polvo fue lanzada a la atmósfera superior que las puestas de sol cambiaron de color y las condiciones climáticas fueron drásticamente alteradas durante años. Debido a la mucha gente que vive en tierras bajas, una explosión semejante causaría sin duda en la actualidad la pérdida de cientos de miles de vidas. Incluso las regiones costeras de los lejanos Japón y Hawai se verían amenazadas.

La costa de California se encuentra al borde del desastre, pudiendo esperarse en cualquier momento un terremoto como el que destruyó San Francisco en 1906. La presión se está también acumulando debajo de Gran Bretaña y de Escandinavia. Si se soltase, podría inundar partes de Escocia y convertir Londres en un puerto del Mar del Norte.

Los adivinos han pronosticado desde hace tiempo una convulsión mundial de tal naturaleza que amenaza el futuro de la humanidad en este planeta. Ahora se les unen los propios científicos, cuyas predicciones son igualmente funestas. Aparte de los terremotos y los volcanes, ven un creciente «efecto invernadero» que podría elevar el nivel del mar hasta cubrir la mayor parte de los puertos actuales. La disminución de la capa protectora de ozono sobre nuestras cabezas podría aumentar dramáticamente la incidencia del cáncer en la población. Algunos predicen incluso una súbita inversión de los polos magnéticos de la Tierra.

En realidad, casi todas estas posibles catástrofes geográficas están en el orden natural de las cosas, incluidos los avances y retrocesos de las eras glaciales y el bombardeo por cuerpos celestes del tamaño de un país pequeño. Lo que más ha cambiado a escala planetaria es el número inmensamente mayor de gente que sufriría ahora las consecuencias. La cuestión ya no es si los científicos o los adivinos tienen razón, sino de quiénes será la bola de cristal que estalle primero.

res famosos fundadores de la «British Society for Psychical Research» -Henry Sidgwick, Frederic Myers y Edmund Gurney- representaron un papel destacado en uno de los más asombrosos casos de correspondencia espiritista que se hayan registrado jamás. Y lo más milagroso es que los tres distinguidos caballeros figuraron, no como receptores, sino como remitentes.

La historia de las Correspondencias Cruzadas, según se las llamó, empezó en 1901, cuando cinco mujeres diferentes, que no se conocían, empezaron a recibir mensajes de espíritus ausentes. Las cinco empleaban una técnica conocida como escritura automática, o sea entrar en un estado de trance en el que el ente comunicante establece contacto y transmite su mensaje por escrito.

La primera mujer contactada -por un espíritu que se identificó como Myers-, fue Mrs. A. W. Verrall. Un poco más tarde, Leonora Piper, de los Estados Unidos, empezó también a recibir mensajes de Myers. Sin saberlo la una de la otra, Alice Fleming, hermana de Rudyard Kipling, y su hija, Helen, empezaron a recibir comunicaciones parecidas del otro mundo mientras estaban en la India. Otra inglesa, Mrs. Willet, se unió pronto a estas cuatro. Pero el gran suceso se produjo en 1903, cuando Helen Holland (née Fleming) recibió un mensaje de Myers pidiéndole que estableciese contacto con una vieja amiga. La mano de Helen escribió el nombre de la amiga: «Mrs. Verrall, de Cambridge, Selwyn Gardens, 5.»

Mrs. Fleming entregó su escrito a la «Society for Psychical Research» y, poco a poco, se ataron los cabos. En América, Lenora Piper fue probada por G. B. Dorr, que le preguntó qué significaba «lethe» para ella. «Myers», el espíritu que guiaba su mano, respondió con una serie de alusiones clásicas, acreditando su profesión terrena de erudito clásico. La misma pregunta fue hecha a Mrs. Willet, en Inglaterra, por el renombrado físico Oliver Lodge. Su espíritu del otro mundo le dio esencialmente la misma respuesta, así como el nombre del interrogador americano, Dorr.

En definitiva, Mrs. Willet fue capaz de comunicar con los tres «objetivos», Myers, Sidgwick y Gurney, todos ellos eruditos clásicos. A través de ella, el hermano del primer ministro, Lord Balfour, preguntó al estimado Sidgwick sobre la relación del cuerpo con la mente. Gurney, o el espíritu que decía ser él, se refirió a los orígenes del alma.

Alguien preguntó al propio Myers cómo era eso de comunicar desde ultratumba. Tengo la impresión de estar detrás de una lámina de cristal esmerilado -respondió- que borra la visión y amortigua el sonido, dictando débilmente a una reacia y obtusa secretaria. Me abruma un terrible sentimiento de impotencia.»
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lgunos expertos creen que recibimos impresiones psíquicas continuamente durante el día, aunque estos mensajes no penetran nunca en la conciencia despierta. Esta idea no fue más que una teoría hasta los años sesenta, cuando el ingeniero electrotécnico E. Douglas Dean decidió demostrarla.

Fundándose en unos estudios anteriores realizados en Checoslovaquia, Dean empleó dos sujetos para sus experimentos. El primero, «receptor», era colocado a solas en una habitación, con un dedo conectado a un pletismógrafo, un aparato que registra la corriente sanguínea en el cuerpo. Entonces, en una habitación diferente, el «transmisor» ponía manos a la obra. Él, o ella, estudiaba una serie de tarjetas, algunas de ellas en blanco y otras con un nombre escrito, un nombre emocionalmente significativo para el transmisor o para el receptor. Dean esperaba que, cuando el transmisor se emocionase al ver un nombre significativo para él, el sujeto reaccionaría de la misma manera. Esta reacción se reflejaría en el pletismógrafo, que registraría un súbito aumento en pequeñas bajadas.

El experimento tuvo éxito, pero no de la manera que había esperado el experimentador. Lo que ocurría era que el torrente sanguíneo del sujeto respondía cuando el transmisor miraba nombres significativos para el receptor. Parecía como si la mente inconsciente del sujeto estuviese constantemente alerta durante el experimento, buscando algún mensaje que fuese importante para él. Aunque los sujetos no se daban conscientemente cuenta de nada cuando recibían las señales de percepción extrasensorial, sus cuerpos respondían sutilmente a ellas.

uando la expedidora de «Lockheed» Etta Louise Smith oyó una emisión de radio acerca de una búsqueda casa por casa de una enfermera desaparecida, inmediatamente pensó: No está en la casa. Luego recibió una descripción visual, como si tuviera una fotografía de ella delante, y la señora Smith supo que la enfermera estaba muerta.

Luego la madre de treinta y nueve años de tres hijos acudió a la Comisaría de Policía para hablar con los investigadores. Desde allí se fue a un paraje remoto de un cañón donde también realizó visualizaciones. Allí encontró el cuerpo de Melanie Uribe, de treinta y un años.

Pero doce horas después, la señora Smith fue arrestada bajo sospecha de asesinato. Sin embargo, durante sus cuatro horas de permanencia en la cárcel, se detuvo a uno de los asesinos. Confesó e implicó a dos cómplices, que fueron también arrestados y más tarde condenados. Y la señora Smith puso a continuación una querella contra la ciudad de Los Ángeles por detención ilegal.

El juez decretó que la Policía no había tenido una causa probable ni suficientes pruebas para implicar a la señora Smith en el asesinato. Y el jurado la recompensó con más de 26.000 dólares. De todos modos, tanto la Policía como el fiscal que representa al municipio, continúan dudando que la señora Smith hubiera tenido una experiencia psíquica e insisten en que, de alguna manera, había tenido conocimiento al respecto a través de habladurías en el vecindario.
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l secreto absoluto que rodeó el plan de los Aliados de invadir Europa, durante la Segunda Guerra Mundial, hizo necesario crear un elaborado sistema de palabras en clave para alertar a los agentes acerca de las acciones que se pretendían llevar a cabo. Llamada «Operación Overlord», el plan de invasión incluía diversas fases, cada una con su nombre en clave. Por ejemplo, la iniciativa naval se conocía como Neptuno. El destino francés y los puntos de cita se conocían como Omaha y Utah, y un puerto artificial, Mulberry, era donde deberían estacionarse el arsenal y los suministros. Pero 33 días antes de la fecha prevista de invasión, muchas de las palabras en clave, curiosamente, aparecieron en el crucigrama del Daily Telegraph de Londres. Luego, sólo cuatro días antes de que el plan entrase en operación, la palabra Overlord apareció también en el crucigrama.

Preocupados respecto de que un espía nazi se hubiese apoderado del código y que estuviera haciendo pública la Operación Overlord a través del crucigrama, los agentes de seguridad asaltaron las oficinas del Daily Telegraph. Ante su sorpresa, sólo encontraron a un sorprendido maestro de escuela, llamado Leonard Dawes, que llevaba veinte años redactando el crucigrama del Daily Telegraph. Dawes consiguió, finalmente, convencer a los agentes de que la aparición de la palabra clave en el crucigrama era, simplemente, una coincidencia.

e todos los escenarios para un final apocalíptico del mundo, el mayor es, probablemente, una colisión catastrófica entre nuestra Vía Láctea y otra galaxia. El astrónomo Marshal McCall, en efecto, ha estimado la probabilidad de que llegue a ocurrir algo así, y afirma convencido que así será, aunque no durante el lapso de nuestras vidas.

La Vía Láctea está unida por la gravedad con una galaxia vecina llamada por los astrónomos simplemente M31. Con su centro común de gravedad, su curso actual les llevará a unirse, según especula McCall, en unos cuatro millones de años. Sin embargo, todos los planetas de nuestro sistema solar seguirán unidos al Sol porque sus lazos gravitatorios son más fuertes que las fuerzas intergalácticas.

En el peor de los casos, tal vez nuestro sistema solar se separe de la Vía Láctea y emprenda un curso independiente a través del espacio.
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