Según
los monjes del monasterio de Pangboche, en el
Himalaya nepalés, estos huesos pertenecen al
esqueleto de la mano de un Yeti. A pesar de que la
mano parece pequeña en comparación del cuero
cabelludo de la fotografía número 38, estos
restos pueden considerarse como una prueba en
apoyo de la teoría de que el Yeti es un tipo de
simio, pues las manos de muchas especies de monos
son relativamente pequeñas.